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REMES

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Red mundial de escritores en español

domingo, 31 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 17


 Cuando las chicas supieron que faltaba una entrada se mostraron molestas por el asunto, sobre todo Laura, que empezaba a pensar que John lo había hecho adrede, e intentaron que Vicky, por supuesto, no se sintiera discriminada por el supuesto olvido, ya que él no tenía impedimento de decir para quienes se había tomado la molestia de sacarlas. Carmen se había puesto furiosa, John empezaba a caerle gordo, demasiado listo y suficiente… Aunque su hermana trataba de explicarle que las entradas no tenían nombre y que una de ellas debía quedarse sin los pines ni la entrada para incluir a Vicky en el lote.
―Mira en tu bolso ―le dijo Laura a su hermana mientras hurgaba en el interior del suyo―. ¿Cuánto llevas?
―¡Estoy tiesa como la mojama! Con lo caro que es todo en Londres… ¿pretendes pagar una entrada de KOKO? 
―O hacemos esto ―murmuró en español―. O una de nosotras no entra para quedarse con Vicky...
―¡No es justo, Laura!
―¿Y sí lo es que Vicky se quede fuera por un olvido, no tan claro, de John?
―Pues que se pague ella su entrada ―sugirió molesta―. ¿Por qué he de ser yo? No es mi culpa… ni la tuya…
―Carmen, eres una egoísta, ¿sabes? ―expuso enfadada dándole la espalda yendo hasta Vicky―. Toma los pines y la copia de la entrada, Vicky. Tú conoces a John mucho antes que nosotras y tienes más derecho a todo esto.
Vicky encantada tomó lo que significaba un pase gratis al interior de KOKO, agarrándose al cuello de Laura para besarla repetidas veces, mientras Lourdes tomaba fotos con su móvil sin saber muy bien lo que pasaba.
―Gracias, tía.  Pero si falta una copia de éstas… ¿ahora tú?
John vio la maniobra de Laura y se indignó por cómo ella le había dado la vuelta al asunto y ahora era Vicky quien tenía sus pines. Los chicos lo sostuvieron un poco, pero John se deshizo de ellos y se dio media vuelta resoplando. Mientras esperaban la cola para acceder al local John se acercó a Laura por detrás, cuando los demás estaban distraídos.
―Laura, toma ―le dijo―, ésta es la tuya.
―¿Cómo que la mía?
―Tu entrada… con todo esto que se ha armado… No puedo permitir que pagues tú.
―¿Y por qué no?
―Porque dije que me encargaba de las entradas y no puedo permitir que te quedes fuera. Las saqué pensando en ti en que estuviésemos juntos en la disco y pasásemos una noche bestial… Pero no estaba pensando en líos o amigos aparecidos de la nada y follones de dinero... No quiero que pagues tu entrada.
―No pensaba hacerlo… ―añadió seria―. Tanto es así, que me da igual quedarme aquí fuera con Vicky, esperando a que  salgaís.
―¿Por qué le has dado los pines a ésa?
―Porque eran míos y hago lo que quiero con mis cosas… Además ésa, como la llamas, tiene un nombre y es mi compañera de cuarto… Es Vicky...
  

sábado, 23 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 16

 Después de la cena y de contar a su hermana y a sus amigas el día en el zoo, Laura subió a su habitación a descansar un rato. Se puso cómoda y se tumbó en la cama mirando el techo de la sala pintado de rosa y la lámpara que estaba suspendida en el centro, desde donde una tulipa esférica de cristal blanco pendía de una cadena. Comenzó a pensar en Paul y en todo lo sucedido aquella mañana… Una sonrisa se fue dibujando tenuemente en sus labios a medida que sus pensamientos trajeron los recuerdos de todo lo vivido aquel día y las mariposas volvieron a revolotear en el estómago, incluso habían encontrado espacio después de la cena, aunque no había comido mucho. La idea de volver a ver a Paul en una o dos horas, hacía que aquella sensación fuera verdaderamente fuerte, casi vertiginosa… No la podía controlar.
Una leve corriente de aire removió un poco sus cabellos, miró hacia la ventana, que estaba ligeramente abierta, por donde el aire fresco de la noche penetraba en el interior. Se levantó a cerrarla, pero se quedó apoyada en el poyete mirando la cancela de la entrada, imaginando volver a ver el Mini Cooper de Paul esperándola de nuevo. El corazón le palpitó con fuerza. “¿Qué le estaba pasando con Paul?” Se preguntó confusa. Pero fuera lo que fuera, nunca se había sentido tan bien como se sentía con él. Algo así no era imaginable cuando en casa de sus padres recibieron la noticia de la concesión de la Erasmus… Sin embargo, estaba sucediendo. Sus expectativas habían sido más que superadas por los acontecimientos que estaban ocurriendo. John invitándola al cine, Paul al zoológico… ¿Qué vendría después? No quería pensar al respecto, sin embargo, en su interior tenía una certeza que no se atrevía a aceptar, por miedo a equivocarse. Deseaba estar completamente segura para poder afirmar que estaba enamorándose de Paul McClellan… ¿o debería decir que estaba enamorada de Paul McClellan?  El fin de semana se había presentado de una forma inesperada bastante movido. Nunca hubiera sospechado que aceptar salir con Paul al zoo acabara como iba a hacerlo aquella noche de sábado en una de las discotecas más punteras de Camden Town. Las chicas estaban ilusionadas por conocer a Bob Collins.  Había oído eso durante dos días insistentes por echarle el ojo encima. Los chicos hablaban constantemente de él y no le habían visto el polvo aún en las semanas de curso transcurridas, pero sin duda debería tratarse de otro adorable sinvergüenza como el resto.
Un ruido en el pasillo la recuperó de sus ensoñaciones y se volvió hacia la puerta. Era Lourdes que entraba del cuarto de baño. Se acababa de duchar y como una exhalación se fue a su armario para buscar la ropa que iba a llevar aquella noche...

lunes, 18 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 15

Mike había conducido a la dirección, que le facilitó su hermano Paul, en Tottenham donde estaba la residencia. Detuvo el Mini Cooper enfrente de la puerta y marcando el número de Laura en el móvil de Paul, que también le había cambiado por aquella noche, para que no faltaran detalles, esperó la respuesta. Mientras aguardaba, aquellos segundos se le hicieron eternos y sus temores a que todo fracasase y que la chica fuera más sagaz de lo que su hermano había previsto, aparecieron de repente instándole a  no responder cuando descolgara y a huir de allí, porque seguía pensando que todo aquel barullo era una auténtica locura. Algo en su interior le estaba advirtiendo que se iba a arrepentir de hacerle un favor tan maquiavélico a su hermano.  Mike miró el teléfono mientras oía los tonos de la llamada, tardaba en contestar, no estaba muy ansiosa, pensó. Respiró hondo pero el miedo no se iba… Respiró hondo otra vez y pensó que no la conocía de nada, una cara por Facebook no deja demasiadas oportunidades de saber cómo es una persona y menos una chica inteligente y lista como le había dicho Paul que era.  ¡Qué segundos tan agobiantes! De nuevo su conciencia le dictaba con fuerza urgiéndole a desapaecer  de aquel lugar diciéndole: “¡Huye, Mike! ¡Huye de aquí, esto no puede salir bien! …Te cazará en la primera de cambio, se dará cuenta que no eres quien dices ser que eres… ¡Huye y no hagas más el gilipollas!” La voz de Laura sonó en el aparato, había tardado demasiado en contestarle, pero de cualquier forma ya lo había hecho y el asunto no tenía marcha atrás
―¿Diga?
Mike miró el móvil como si fuera radioactivo y lo apartó de su oreja para no oír a Laura, que seguía esperando una respuesta. Respiró profundamente dos o tres veces más y, temeroso, se llevó lentamente el teléfono a la oreja de nuevo. La voz seguía allí, no había colgado y continuaba diciendo “diga”. Miró el teléfono con gesto preocupado y se lo pegó al pecho nervioso, cerró los ojos y  fue levantándolo, acercándoselo a la oreja de nuevo, se dejó llevar; “la suerte estaba echada” y al fin dijo:
―¿Laura?
―¿Paul?
―Sí…, estoy… estoy abajo… ―tragó saliva―, en la puerta… Te espero.
―¿Ocurre algo?
―¡No! ―exclamó sorprendido―. ¡Para nada!… ¿Por qué iba a pasar algo?  No tardes, por favor.
―¡No! ya estoy en el piso principal. Ya salgo…
Laura apareció por la puerta en pocos minutos. La verdad que la foto que le había enseñado su hermano no le hacía toda la justicia que debía, pues era todavía más bonita. Salió de la casa y bajo las escaleras alegre, atravesando el trozo del jardín hasta la reja. Cuando le vio, una amplia sonrisa apareció en su cara y con un gesto de la mano, agitando los cinco dedos, le saludó mientras iba para el coche...

viernes, 15 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 14


―¡No! ¡No! ¡No! ―decía Mike intransigente al oír la propuesta de su hermano mientras éste andaba detrás de él rogándole insistentemente―. No, Paul, eso es ir demasiado lejos. Es una auténtica locura. Esa chica lo va a notar. ¿Te crees que las tías son tontas?
Había sido asaltado en el dormitorio mientras se entretenía con la Wee. No podía creerse lo que acababa de escuchar de la boca de su hermano, pero lo cierto era que aquello le confirmaba que Paul estaba perdiendo completamente la olla y que Jane no era una relación que le proporcionara estabilidad.  Siempre diciéndole lo que quería escuchar y colgada de él como una lapa… para después imponerse con sus caprichos y hacer lo que le daba la gana. Jane no le caía nada bien.
―Por favor, tío ―insistió de nuevo―. Sólo será esta vez. ¡Mira! Ya te he dicho lo que ha pasado. Yo no esperaba que Jane volviera. De hecho creía que no volvería jamás.
 ―Sabía yo que esa pava iba a estropearme el día cuando le abrí la puerta esta mañana ―se quejó Mike enfadado soltando el mando de la Wee en la cama―. Esa Jane te tiene la voluntad abducida… Es una pájara de mucho cuidado, una arpía y una… una…
―Si vas a decir lo que creo que vas a decir… Mejor no lo digas, Mike… Podíamos salir mal parados.
―Estás loco, Paul, completamente loco,
―Hazlo por mí, por fa, Mike―le rogó Paul haciendo caritas para arrancarle la sonrisa―. El finde que viene haré por ti lo que tú quieras. De verdad, lo que tú quieras. Pero hoy tienes que cubrirme las espaldas.
―¡Está bien! ―exclamó harto de oírle repetir una y otra vez―. ¡Está bien! Lo haré, pero sólo hoy. Nunca volverás a pedirme algo parecido. No es nada guay hacer estas cosas. No son de un tío legal, ¿sabes? Al final se sabe.
―¿Cómo? Tú no dirás nada y yo tampoco.
―Eso te lo aseguro. Soy una tumba, por la cuenta que me trae.
―Gracias Michael ―le dijo estrechando su mano de una manera peculiar, a la forma en que siempre lo hacían cuando guardaban sus secretos de  niños. Toma.
Paul le extendió  Mafia, el último de sus juegos favoritos para la PS3
―¿Para qué me das esto? Ahora no tengo ganas de jugar a la Play.
―El otro día me lo pediste y no quise dártelo. Ahora tú has aceptado ayudarme… Toma, sé que te gusta. De hecho, te lo regalo. Es tuyo.
Mike cogió la caja y la miró sin saber muy bien si su hermano hablaba en serio o no, Él le había colgado la etiqueta de agarrado y ahora al verle tan desprendido, regalándole el último juego que había comparado para su PS3, era un poco raro…
―Gracias.  ¿Puedo saber si es esto ya parte de mi pago? ―inquirió incrédulo.
―No, que va… ―negó inmediatamente―. Es para ti, ya te lo he dicho. Lo otro…, el pago, me lo pedirás tú cuando necesites un favor.
―Espero que no lo olvides, Paul.
―Nunca.
― Entonces, ¿ es para mí? ―le preguntó todavía inseguro de que fuera cierto aquel regalo. Paul asintió con un gesto―. Ahora dime, ¿cómo es esa chica?
―Mejor te la enseño en su página de Facebook, enciende el PC. Toma las llaves de mi coche, no quiero que falte ningún detalle y ten mucho cuidado. No quiero ni un minúsculo arañazo.
―No le haré ninguno… Tío, que también se va la olla con el coche.
―Sólo cuido del regalo de cumpleaños que nos hizo papá el año pasado. ¿No dijo, espero que os dure mucho más que os duraron vuestras primeras bicicletas? ―Mike asintió empezando a reírse al recordar aquel desastre―. Pues eso. No querría quedarme sin coche de un día para otro.
Los dos se rieron recordando lo que les ocurrió a sus primeras bicicletas a carcajadas tendidos sobre sus camas sin poder contener la risa, pues el mismo camión de la mudanza que les llevó sus enseres cuando fueron a vivir a Cavendish Avenue le aplastó sus bicis recién estrenadas, ya que las encadenaron a la trasera del camión pensando en ser útiles y que irían rodando todo el trayecto hasta la nueva casa… Pero sólo tenían siete años. Lloraron todo el día por la pérdida de sus bicis...

martes, 12 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 13




El timbre de la puerta había sonado hacía un momento, pero nadie iba a abrir. Al poco volvió a sonar de nuevo, pero con más urgencia, y Michael que estaba viendo la televisión fue a abrir protestando a notar que nadie se interesaba por atender la llamada.
―¿Es que estáis todos sordos? ―le gritó a sus hermanos, pero no recibió respuesta―. Eso… eso… haceros los sordos… ¡Es que soy idiota! Seguro que no es para mí…
―¡Por fin Michael! ―exclamó Ruth que venía escaleras abajo dispuesta a abrir―. ¡Por fin! Mis oídos has escuchado lo que tantas veces te he dicho y tú has negado… ¡Eres idiota! Si te lo decía yo…
―¡Ruth! ¡Ruth! ―le gritó furioso lanzándole una zapatilla que hizo blanco en la pared de la escalera.
La peque de la familia le sacó la lengua parapetándose tras la baranda que hacía curva en un rellano antes del tramo que llevaba al primer piso.
―Las verdades duelen, Mike. Pero no hay cosa más cierta que ésa…
―Eres una bruja…―arremetió contra ella subiendo los primeros escalones con intención de perseguirá―. ¡Una pequeña bruja deslenguada!
Ruth se reía desde arriba cerca ya de la puerta de su dormitorio.
―¡Idiota!
La insistencia del timbre llenaba la casa mientras Mike desistió de ir en busca de la molesta mocosa y volver al vestíbulo para abrir. Asombrado y tras la puerta se encontró con la carita bonita de Jane Archer, la ex de su hermano, que sonreía habiendo escuchado la trapisonda entre su amiga Ruth y él.
―Hola… ¿Paul o Mike?
―Mike ―respondió indolente―. ¿Qué quieres? ―inquirió sin ocultar su molestia al verla.
―Nunca conseguiré distinguiros a la primera…―sonrió picarona sin hacer caso a la pregunta―. Después ya es otra cosa… cuando os oigo hablar… Paul es mucho más adorable que tú, por supuesto. Además Ruth no se atrevería a meterse con él como lo hace contigo… En el fondo tiene razón.
―Una pena… ¿Qué haces aquí? ―volvió a preguntarle secamente.
―Ya he oído a Ruth y sé que está en casa. Vengo a estudiar con ella. Tenemos una prueba de dicción el jueves. ¿Me permites? ―le dijo apartándole de su camino entrando en la casa.
―Sí, pasa, estás en tu casa ―la increpó molesto por el descaro de Jane―, Está en su cuarto. No te acompaño ya sabes donde es. Tú misma…, “encanto”.
―Gracias, Mike, eres un sol ―le piropeó subiendo.
 Michael cerró la puerta lanzando un suspiro profundo, presentía problemas con aquella chica allí.
―¿Y tu hermano? ―le preguntó Jane cuando hubo alcanzado el rellano.
―Está en el garaje liado con el coche. Lo va a gastar de tanto limpiarlo.
―Es su hobby.
―Sí… claro. Podría abrir la puerta cuando vienen a verle, para variar. Me he perdido media película, ¡mierda!
Michael la vio subir las escaleras con aquel estilo seductor que tenía al andar… Parecía realmente una actriz consumada, pensó. Pero saber que se interesaba de nuevo por su hermano Paul no le hizo demasiada gracia.
Jane subió hasta el descansillo de la primera planta y corrió de puntillas dejando atrás el dormitorio de Ruth hacia la escalera de servicio bajando por ella a toda prisa y corriendo hacia a la cocina por donde salió al patio. El garaje estaba allí.
Paul estaba poniendo a punto su Mini Cooper para su cita con Laura. Era sábado y por fin no llovía después de una semana diluviando.  Había decidido llevarla al Zoo de Regent’s Park, comer en cualquier sitio una hambueguesa y después al cine por la tarde.  Era un plan perfecto para una primera cita y estaba seguro de que a la chica le gustaría.
La voz de Jane llamándole le sorprendió tanto que al levantar la cabeza para cerciorarse se dio un golpe al sacarla del coche buscando a su ex. ¡Era verdad! Suspiró agitado sin podérselo creer. Después de casi dos meses y medio Jane estaba en su casa buscándole… No era una alucinación ni un ofuscamiento de su mente, que llevaba dándole vueltas a su ruptura con Jane todo el rato. Pensando en su situación toda la mañana y estaba seguro que aquella era la voz de la chica, no estaba imaginándosela, pues llegó a pensar que estaba tan obsesionado por ella que no podía deshacerse de la atracción que ejercía Jane sobre él y que podría ser una mala pasada de sus mente, pero no. Lo estaba escuchando. Un pesar descendió por su garganta hasta su estómago como si fuera de plomo, ¿Qué oportuna? Precisamente ahora… Sintió con un arrebato y la intención de esconderse para que no le viera, pero de repente pensó que si lo hacía y empezaba a salir con Laura, las oportunidades de recuperar a Jane se acabarían. Y no estaba muy seguro de querer eso... 

sábado, 9 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 12


  


Las palabras se sucedían una tras otra a lo largo del papel donde Carmen Bernal copiaba los apuntes de su hermana a toda prisa. Tenían dos horas hasta la próxima clase: Análisis de Formas Arquitectónicas, y estaban en una cafetería llamada Costa Coffee en la esquina de Gower con Torrington Place.  Era un local italiano no muy lejano a las facultades, de hecho, muy cerca del hospital universitario. El sitio gozaba de mucha fama entre los alumnos porque se podía probar un café verdaderamente sabroso y rico en aromas, cosa que a Laura entusiasmaba, aunque también le gustaba el té, pero a esa hora de la mañana, un buen café con leche entonaba el cuerpo y despejaba la mente espantando el sueño, que tan mala pasada le había jugado precisamente a ella.  La cafetería ofrecía a sus clientes entre sus peculiaridades cafeteras también una selección bastante completa de libros que se podían hojear mientras se degustaban sus extractos e infusiones. Una idea que sorprendió a las hermanas favorablemente, pues mientras se tomaban su café y un buen tentempié, disfrutaban de una de sus aficiones: los libros.
Carmen seguía escribiendo a toda prisa, necesitaba los apuntes para la siguiente clase, pues por un resfriado pasajero no había asistido en dos días a las clases en la facultad, los mismos en que se dieron esas materias sobre formas arquitectónicas, importantes para el desarrollo de la clase del día.
Laura se tomaba un sándwich y hojeaba un ejemplar de Black Beauty de Anna Sewell. Siempre le había encantado aquella historia, desde niña le gustaban mucho los caballos.  Dejaba la mente volar y recordaba momentos de su vida aquí y allá en los que se sentía muy bien con ella misma. ¿Quién iba a decirle que iba a encontrar un ejemplar de BlacK Beauty en la cafetería?  Pero tenerlo entre sus manos le traía hasta olores de mar y playa en las calurosos tardes del mes de agosto en su añorada Málaga. Eran imágenes de su segura infancia y su feliz adolescencia… su familia, algunas vacaciones en Tenerife divertidísimas jugando con las nubes en La Caldera o escribiendo sus nombres con piedras en el Valle de Ucanca en las Cañadas del Teide… Mientras paseaba su mirada por los renglones de una de las páginas del libro su mente voló en un instante a desde su niñez hasta el momento de saber que estudiarían en Londres y seguidamente y acabó pensando en la salida al cine con John. No estaba muy segura si eso era lo que quería, pero era cierto que John se mostraba muy interesado por ella y no podía creerse todo lo que oía de otras compañeras hablar de él. Desde luego que si John Lane tenía aquellos defectos de sinvergüenza, fresco e insolente, ella no los había descubierto todavía. Extraordinariamente un revoloteo misterioso en su interior la sorprendió de repente cuando pensó en él, la lluvia, el paseo bajo el paraguas, el cine, sus besos… John era un chico muy guapo y atractivo y su interés la halagaba mucho, siempre había sido simpático y amable y Laura le había devuelto las mismas atenciones, pero ella sabía algo, que John ignoraba, y que le preocupaba porque no quería lastimar a nadie. Cuando pensaba que estaba ocultando lo que estaba pasando a Vicky Backwell, no se sentía muy bien consigo misma, pero tampoco podía hacer nada para desviar la atención del chico hacia Vicky. No quería herir sus sentimientos ni que creyese que ella había tomado ventaja de sus confidencias. Era sabedora de que Vicky estaba muy enamorada de aquel joven tan brillante y elocuente, pero no era culpable de que el joven no estuviera enamorado de Vicky.
 Carmen la miraba desde hacía un rato. A Laura se le había enfriado el café que ya no humeaba desde su taza y llevaba varios minutos sin pasar una hoja del libro absorta en sus pensamientos.
―¿Todo va bien? ―le preguntó mientras se disponía a sonarse la nariz, aunque lo odiaba, tenía que expulsar los restos de su congestión nasal. Laura levantó la cabeza y se quedó mirando a su hermana sin saber de qué le hablaba.
―¿Cómo dices?
―Llevas más de un cuarto de hora ahí, entre musarañas, con la mirada perdida y la cabeza Dios sabe dónde… ¿En qué piensas?
―…En todo lo que nos está sucediendo en tan poco tiempo.
La voz de John y los chicos entrando la hicieron levantar la cabeza de los libros y buscarles. Eran ellos. El grupo Lane al completo.
―¡Hola chicas! ―las saludó Ritchie alegre acercándose a la mesa donde las dos hermanas tomaban su almuerzo―. ¿Qué tal la mañana?
―¡Fabulosa! ―rezongó Carmen―. Me duele la mano de copiar.
―Supe que has estado enferma ―se interesó George―, ¿cómo sigues?
―Mejor, ¿no me ves? Pero gracias de cualquier manera.
―¿Te voy dictando? Así te será más fácil copiar.
Carmen levantó la cabeza y miró a George con una amplia sonrisa de aceptación, asintió con la cabeza y le extendió los papeles de los apuntes para que dictara.
―Por favor ―le dijo sin dejar de escribir. Vio a George mirándola con el rabillo del ojo mientras ordenaba los papeles y una bonita sonrisa de satisfacción―. Eres muy amable, George. ¿Lo sabes?
―¡No!  ¡Qué va! ―se ruborizó él rápidamente―. Soy normal. Entre compañeros tenemos que ayudarnos. Venga déjame ver. ¿Por dónde vas?...
Carmen le señaló el sitio y George le siguió dictando.
―Hola… ―saludó Paul en general, mirando a Laura con disimulado interés.
Ella al verle se le disparó el corazón. De nuevo en la cafetería con aquel chico maravilloso que hacía que sus sueños cobraran significado. Los ojos de ambos de miraron fijamente por unos segundos en  el que Laura esbozó una sonrisa tímida salida de sus labios y una huida presta de su mirada hacia la taza de café acabaron con todo el contacto. Se sentía completamente confundida en ese instante y no quería que se lo notasen en la cara. No comprendía sus reacciones a sus pensamientos acerca de John hacía un momento y ahora al ver aparecer a Paul se desmoronaba todo el romanticismo con que recordaba la tarde de su primera salida con el otro chico. ¿Sabría Paul de todo aquello? ¿Le haría contado John algo? Ellos eran muy buenos amigos, no resultaría extraño si hablaban de esos temas entre ambos. Pero, si él lo sabía o no, ¿qué más daba? Paul no se mostraba muy interesado por ella de cualquier forma.
Entonces el contacto de la mano de John en su hombro la distrajo de sus pensamientos. Inesperadamente se sobresaltó pues de nuevo había caído en la profundidad de su mente sin darse cuenta y volvía a plantearse sus sentimientos tan confusos...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 11


Un bostezo de George sacó a sus amigos del silencio. Estaban leyendo el plan de estudios que acababan de realizar, reunidos en casa de Paul.  Ya lo habían repasado un par de veces y estaban de lo más aburridos que se pueda estar. En aquella sala sólo había cosas que estimularan al estudio, por deseo del padre de Paul, ni siquiera una Play-Station, o un reproductor de cedés para poder escuchar un poco de música… Nada, absolutamente nada que incitara a distraer los sentidos de una manera lúdica. Paul llevaba pensando un buen rato en la Play-Station deseando echar una partida hasta que John llegase. Les había pedido que le esperasen, pues estaba acabando de reestructurar el plan y quería contar con el parecer de todos sobre el nueva organización del equipo, además de que les había dicho que no tardaría en llegar.
―¡Qué sueño, colegas! ―dijo George desperezándose―. Estoy de pie desde las 6:00 de la mañana y son casi las 7:00. En casa se cena a las 8:00, si John no viene pronto, me voy, porque también estoy hambriento y tengo ganas de meterme en el sobre pronto. Total, para lo que hacemos aquí…
―Eso tiene arreglo, tío ―indicó Paul―. Llama a casa y di que cenas aquí, pero estoy seguro de que John llegará tarde y al final nos comeremos unos sándwiches mientras escuchamos sus proyectos. Es muy típico de él.
―¡Qué aburrimiento! George tiene razón ―se quejó Ritchie―. Todo lo que pone aquí es lo mismo del año pasado, no sé qué interés puede tener John en esta reunión… Repartimos las asignaturas como en el curso anterior, la de Bob se la queda alguno de nosotros y ya está.
―Tienes razón ―asintió Paul―, pero John me comentó esta mañana que quiere hacer unos cambios en el grupo y que quería consultarlos con nosotros… Supongo que debe tratarse de eso.
―¿No pensará aumentarlo…?
―George… ¿y qué tendría eso de malo?
―No quiero verme mangoneado por chicas cuando se tratan cosas serias, como un aprobado. ¿Es que no me conoces, Paul? Las tías me distraen la mente.
―Pues Daphne Evans pertenece a nuestro grupo y nunca te ha distraído…
―¡Cómo iba a hacerlo! No se la levantaría ni a Igor[1].
Una carcajada sonó de repente al imaginarse al personaje y a su compañera Daphne juntos.
―Menos mal que no te oye ―rió Paul―, porque de ser así, hoy habría bronca por lo que has insinuado… Sin embargo, tienes razón ―rió con más fuerza―, la pobre nos es muy guapa que digamos… Pero es un miembro activo y eficaz del grupo de estudios y eso es lo que realmente importa. Para ligoteos ya tenemos el finde...  o cuando podamos.
―Yo no sería tan compasivo ―intervino Ritchie más incisivo― y diría que es feilla, pero tiene sus puntos. Lo cual supera a cualquier otra cosa... 
―Sí claro, como todas. A la muy desesperada le pones una careta de Britney Spears y te la tiras igual.
―¿Hablas en serio, George? ―inquirió Paul cerrando una revista Nature que había encontrado por allí y mirando la hora. Ese chiste ha sido digno de John, un poco… ¡Qué va! ¡Un mucho! Yo diría que es demasiado mordaz para ti. No puedes decirlo en serio, Georgie.
―¡No!  No lo decía en serio… Pero, ¿a qué os he asustado? Ya pensabais que estaba en un proceso de metamorfosis profundo... Convirtiéndome en crisálida como dice el cretino del profesor Howes. Si tanto le gustan los insectos debería haber estudiado entomología y habernos dejado tranquilos a los arquitectos. No para de compararnos con bichejos metamorfoseados... Todos los años dice el mismo discursito... de  las crisálidas... Es un aburrido.
Ritchie y Paul se quedaron mirándole muy serios sin comprender el humor de George. Él les devolvió la mirada sin comprender tampoco su seriedad.
―¿Qué pasa? ¿Qué he dicho?... Tíos…

Que las hadas y musas elijan un capítulo para ti. Con suerte te quedas a compartir esta aventura.


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