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domingo, 26 de junio de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 48



Todo era demasiado confuso en la mente de Laura para explicarse como la tarde de estudio podía haber terminado en aquel tremendo embrollo creando un desbarajuste en el ritmo de trabajo del grupo. La imagen de John aturdido y casi desnudo, abriendo la puerta, le hería el pensamiento; la tenía pasmada inmersa en una serie de preguntas sin contestación que intentaba responder sin éxito. Una y otra vez trataba de interpretar toda la información que acumulaba desde el día anterior hasta esa tarde con relación a tan lamentable incidente en el apartamento de King’s Cross, pero su mente estaba hecha una maraña y no reaccionaba.  Tan confundida estaba que llegó a hacerse la pregunta de si había sentido celos de Vicky al verla en aquella actitud dominante, envuelta en la sábana con la que hizo su aparición triunfal. En la cena había permanecido bastante callada, seguía analizando las palabras de Vicky y en cómo las había usado a su favor para hacerla sentir pena de su situación y le facilitara el camino de una manera tan absurdamente tonta por parte de ella, que ahora, visto con la frialdad del momento, la hacían sentirse completamente simple y manejable y eso la indignaba más todavía. Las chicas atribuyeron su callada actitud al cansancio de varias noches sin pegar un ojo y trabajando en los dibujos que al final, con toda la agitación, Paul no había mirado para echarle una mano con los dos que le quedaban. Carmen estuvo observándola un rato. La conocía muy bien y sabía que su hermana sospechaba otra cosa de lo que meramente había parecido un encuentro sexual entre dos jóvenes que se atraen. Partiendo de que todos sabían que John no sentía nada más que desdén por Vicky y la hacía constantemente centro de sus muy pensadas burlas. A partir de ahí, lo otro era bastante imposible.
―Demasiado silencio para un lamentable plato de crema de calabaza y unos tristes espaguetis a la boloñesa, ¿no, hermana? ―le dijo Carmen sondeando el terreno intentando conocer más a fondo el motivo de su prolongado mutismo―. La verdad es que no merecían ser comidos con tanta solemnidad.
―¿Los espaguetis? ―le preguntó Laura volviendo de las profundidades de su mente, mirándola mientras andaban por la galería hacia las escaleras―. No estaban mal. Ya sabes que la señora Santorelli los prepara bien. Están buenos… No como los de mamá, pero están muy buenos. Si algo tiene esta residencia es una buena cocinera.
―No me refería a los espaguetis, tonta. Me refería a tu silencio. Desde que hemos vuelto de King’s Cross no has abierto prácticamente la boca.
―¡Ah! Es eso… ¿Qué quieres que te diga? ―musitó Laura acercando su cabeza a la de su hermana―. Me he quedado loca con todo lo que he visto en tan poco rato.
―Ya te lo dije… Esa Vicky es un mal bicho… Pero lo que yo creo es que en el fondo John está “empanao”, Vicky hace con él lo que quiere. Debería estar más al loro de lo que pasa. Aunque lo de hoy raya en el descaro.
―Y lo peor de todo es que yo le he ayudado a conseguirlo ―le confesó pesarosa manteniendo el tono confidencial de su charla con Carmen, la cual la miró sorprendida.
―¿Qué me dices? ¿Acaso se te ha ido la pinza?

sábado, 18 de junio de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 47


Vicky llevaba parada delante de la puerta del portal del apartamento de King’s Cross Road más de cinco minutos. Los nervios la tenían como un flan e intentaba controlarse o echaría a perder todo lo planeado, prácticamente había calculado todos sus movimientos para que nada fallase, incluso había previsto reacciones  inesperadas para no tener que improvisar sobre la marcha. Su plan era una obra de arte. El mejor diseño que había hecho en su vida. Un proyecto que la llevaría al triunfo. En su bolsillo las pastillas que le compró a Benny y en sus manos el material que Laura le había entregado sobre las Ecuaciones de Benuolli para que se lo diera a John como aportación al grupo, además de una recopilación de los apuntes de Historia que habían realizado los chicos y que Laura había puesto al día, y, para que John lo reconociera, lo introdujo en su carpeta de “Mr. O’Toole simpsonizado”. Cuya tapa llevaba una caricatura al modelo de “Los Simpsons” de profesor Brian O’Toole, que ella misma había dibujado y plastificado para decorar de alguna manera el liso color azul oscuro del archivador, el cual había hecho furor entre sus compañeros y era muy conocida entre todos ellos. A John le encantaba el dibujo y, sin lugar a dudas, él la reconocería al instante…
Los nervios de Vicky le estaban jugando una mala pasada. Su mente estaba ahora un poco atascada sin poder racionalizar todo lo que debía tener bien claro para no meter la pata cuando llegaran los chicos. Por otra parte el efecto el efecto que causarían las pastillas en el chico ni siquiera cuánto iba a durarle, y eso la preocupaba también. No deseaba que cuando el resto de sus compañeros llegaran descubrieran más de lo deseado. No quería que se hicieran conjeturas al encontrarlos juntos, más de las necesarias para su plan y, al ser posible, que Laura no pensara que la había utilizado. Si los demás llegaban y les pillaban colocados y encamados habría que dar explicaciones indeseadas y eso había que evitarlo a toda costa. Pues varias pregunta acosaban su pensamiento: ¿Qué iba a pasar después?… ¿Aguantaría John la encerrona?… Ese era el último cabo por amarrar, porque por lo demás, las cosas habían salido a pedir de boca. Inmersa estaba en esos pensamientos cuando alguien abrió la puerta del portal y le cedió el paso antes de salir. Ya estaba dentro, sin ni siquiera alertar a John de su llegada antes de subir al ático. Ahora sólo quedaba abanderar su rostro con una sonrisa casi perpetua y tomar el ascensor y ser muy, muy, convincente en todo lo que le dijera a John hasta lograr sus planes. Tenía que conseguir acostarse con John aquella tarde, Era el día perfecto porque las fechas tenían que ser exactas y cuadrar a la milésima, ya que no estaba jugando precisamente con un retrasado espástico. Eso lo tenía muy claro. La emoción de estar tan cerca de su meta la ponía realmente los vellos de punta, y trataba de auto-convencerse de que conforme viera al chico esos nervios dejarían paso al amor que sentía por él y todo saldría bien...

sábado, 11 de junio de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 46


 Laura se despertó de repente sudosa y sobresaltada. Se había quedado dormida echada sobre la mesa  mientras intentaba acabar uno de los trabajos de dibujo que debía entregar al día siguiente. Estaba soñando con Mr. Howes quien le echaba una bronca monumental por no llevar los planos acabados y ella trataba de explicarle su falta de tiempo, pero el profesor implacable la suspendía con un enorme cero  en rojo sobre sus expediente y la enviaba para España en un abrir y cerrar de ojos con un golpe mágico de una de sus reglas. Miró a su alrededor nerviosa todavía por la onírica experiencia a la vez que se pasaba las mano por la frente perlada en sudor para secársela y suspiraba aliviada, al comprender que todo había sido una pesadilla, que estaba en la residencia a salvo y lejos de la terrible influencia del despiadado Mr. Howes. Pensó en Paul.
"¡Ojalá estuviera aquí, a mi lado, para refugiarme entre sus brazos y sentirme invulnerable" pensó seguidamente cuando una sonrisa de agrado apareció en sus labios con el pensamiento de la  tierna caricia de las manos del joven en su cara.
―...Paul... ―dijo dulcemente.
Sin dudarlo tomó el móvil y escribió un SMS que decía:
"Me haces falta cuando los monstruos como Howes atrapan mis pensamientos y me lanzan al abismo. He tenido una mala pesadilla con él. =O Pero ya pasó.^-^ Me quedé sopa mientras dibujaba, ¿Puedes creerlo? - - zzzZZZzz  Estoy a punto de terminar el tercer dibujo, ¿Por dónde vas tú? 
Te quiero. xxx (L) =D"

Una vez leyó lo escrito pulsó la tecla para enviar y el mensaje desapareció de la pantalla del su móvil. Observó de nuevo a sus compañeras de cuarto, todo era silencio en su entorno. Lourdes estaba en la cama, se había echado vestida y había puesto el despertador para las 4:00. para no dormir demasiado y acabar también su trabajo de dibujo. Carmen estaba dormida también sobre su cama con la bata de guatiné sobre las piernas para no sentirse confortable y poder abandonar el sueño con facilidad. La noche previa tampoco habían descansado demasiado, ni la anterior. Con todos los altercados de las manifestaciones los profesores estaban bastante bordes y exigentes y había decidido recuperar los días perdidos por las protestas tratándolos como esclavos sin comer ni dormir, exigiéndoles trabajos complicados de un realización poco menos que perfecta para los que  los chicos necesitaban emplear todo el tiempo del que disponían como si aquella asignatura fuera la única que tuvieran entre manos, cosa que  no era cierta y que les empujó a caer exhaustos en los días que habían pasado desde que las clases recomenzaron.
Miró la hora en el móvil que tenía a su lado y comprendió que se había quedado dormida bastante rato, pero no por eso se sentía mejor, pues ahora le dolían todos los huesos de su cuerpo por la postura tan antinatural que había adoptado  durante el sueño. Se desperezó estirando sus brazos a todo lo largo, a la vez que emitía un profundo bostezo que la desentumeció un poco.Sue cuando el tono de mensaje la sobresaltó en el silencio de la habitación. Lo cogió para mirarlo, pero sabía de quien era a esas horas. Paul le había contestado.

"Si necesitas un caballero andante con lanza y espada, te puedo prestar mis servicios con un tiralíneas, es todo lo más puntiagudo que tengo para salvarte princesa. Qué mal soñar con Howes, con lo feo que es... Sueña conmigo, que seguro no será una pesadilla, sino algo más picante, jajajaja =D.Segurooooo XD Voy por el quinto dibujo.  Deja para mañana los dos que te quedan y te ayudaré yo con ellos. Vete a dormir, te hace mucha falta. Te quiero. xxx (P) "

sábado, 4 de junio de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 45


The bull’s tail estaba lleno de gente a las 7:30 cuando Vicky Blackwell llegó buscando a su amigo Benny Novac, a quien encontró detrás de la barra muy atareado sin parar. Le sorprendió verle allí después de tanto tiempo, pero supuso que seguiría necesitando el trabajo extra para ayudarse en los gastos de sus estudios en la capital y no estaba equivocada. Aunque más bien supuso, y tampoco se equivocaba, que el hecho de estar detrás de la barra era más para captar clientes para su propio “negocio” que para llevarse un sueldo mediocre del dueño del pub. Cuando se acercó hasta él, varios clientes le gritaban para que sus voces sobrepasaran el ruido ambiente. “Dos cervezas y un ale”, decía un hombre con la cara pinta de rojo. “Cinco pintas bien frías” reclamaban unos jóvenes, que vestían las camisetas del Liverpool, en medio de un alboroto extraordinario, pendiente todo el mundo del partido Liverpool-Inter de Milán de la Champion League.
Vicky camino a través la concurrencia del pub abriéndose paso con dificultad entre los parroquianos, que eran, en su gran mayoría, jóvenes estudiantes y gente del barrio. Tuvo que dar codazos para alcanzar su objetivo, pero nadie se dio por aludido porque tenían los cinco sentidos puestos en la pantalla del televisor. Al llegar, Benny estaba realmente ocupado sirviendo todo lo que le pedían, aprovechando que todavía no había dado comienzo el encuentro. Se saludaron escuetamente y ella esperó sentándose en un taburete de la barra que acababa de quedarse vacío. Mientras el muchacho servía más y más pintas, a una velocidad que parecía imposible, pero que era real, ella le miraba sumida en sus pensamientos aferrándose sin flaquear a la decisión tomada, para llevar a cabo sus planes y sintiéndose satisfecha de haber encontrado a su compañero Benny el día de la manifestación para alcanzar sin problemas los medios que culminarían la realización de sus deseos.
  Benny no parecía lo que era, se le veía un buen muchacho, educado, trabajador y cumplidor de sus obligaciones. En los estudios se oía otra cosa; estudiaba para higienista en la Escuela de Higienistas y Medicina Tropical de la Universidad de Londres, pero no era un alumno brillante, por el contrario, las materias se le amontonaban, lo mismo que a sus padres las facturas de sus tasas por los estudios y por manutención en la capital. Por eso Benny Novac había abierto su “negocio” particular en busca de todas aquellas libras que le faltaban en el bolsillo para llegar a fin de mes y muchísimas más para llevar una vida de comodidaes y diversión, pues con  los “trippis” le estaba yendo estupendamente. Como Vicky contara a sus amigos, le había conocido en el colegio y, a su llegada a Londres, habían ido de discotecas los sábados en algún fin de semana que otro del curso anterior. Se habían enrollado, como lo hacían en la secundaria, pero sólo para paliar la soledad de las primeras semanas, aunque las cosas ya no eran como antes, no había quedado ninguna chispa entre ellos. Vicky tenía las ideas muy claras y quería pertenecer a la ELITE y no sentirse como una sangre-sucia más, término tomado de la historia de Harry Potter y que empezaban a aplicar a los estudiantes de arquitectura que no eran hijos de arquitectos y que estudiaban en facultades como la Bartlett. La única forma que había de deshacerse de aquella rémora era atrapando al hijo de un arquitecto que fuera brillante y destacado y asegurarse un porvenir y un exitoso futuro con él. Por eso desde que vio a John Lane entre sus compañeros de facultad no había tenido otra idea en la cabeza que conseguir ser su novia a cualquier coste. El poco tiempo en el que salió con Benny Novak se lo puso muy claro, pronto comprendió que no era la persona indicada para tener cerca… Al menos como pareja y que no iba a aportar nada nuevo en su vida viniendo de una pequeña ciudad de provincias donde era un donnadie. Aunque que como comienzo fue genial, la diversión estuvo asegurada viviendo unos meses de locura y desenfreno libres y lejos de las familias. Benny no tardó encomenzar sus trapicheos, cuando, apenas recién llegado, se metió en el “negocio” por necesidad.  Lo pasaron de muerte los dos,  pero fue una experiencia que llevó a chica a plantearse que aquel no era el camino que ella soñaba y por lo tanto la diversión con Benny no la llevaría nada más que a un callejón sin salida si seguía metida entre pastillas y alcohol,  los que acabarían por pasarle una indeseada factura. Un mal viaje hizo comprender a Vicky que tenía que haber espacio entre ellos dos y que lo mejor era alejarse lentamente de una persona que lo único que podría aportarle eran problemas o una sobredosis con terribles consecuencias que la hubieran puesto a borde de un terrible desenlace poniendo en riesgo si vida. Esa fue una de las pocas veces en que Vicky Blackwell pensó con sensatez. Por lo que se juró no volver a tomar más pastillas… Al menos de aquella manera descontrolada...

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