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miércoles, 6 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 9


Había amanecido una mañana lluviosa y los días empezaban a ser verdaderamente cortos y fríos a pesar de estar en un recién estrenado otoño, Pero en Londres el otoño es insospechado, cambiante, alocado y, en ocasiones, es como el invierno de muchos lugares; lo que significa más abrigo, más guantes de lana y más bufandas, ir con los chubasqueros, paraguas e impermeables a todas las partes porque de repente te puede caer una tromba de agua y coger un buen resfriado por culpa del clima. 
 Laura apenas había dormido aquella noche, las ideas que le había metido Vicky, no dejaban de dar vueltas y vueltas en su cabeza en pugna con los deseos de dormir, que eran derrotados cada vez que la asaltaba el recuerdo de aquel pasillo en el sótano de la residencia. ¡Qué noche había pasado! Además de una ruidosa tormenta que no había dejado de castigar los cielos con resonantes truenos e incandescentes rayos, cuya luz repentina y fugaz entraba por la ventana iluminando la habitación por unos segundos. Ni escondiendo la cabeza bajo la almohada podía dejar de sentirse vulnerable al fenómeno atmosférico que junto a sus arredrados pensamientos hacían que no le llegara el camisón al cuerpo. Cuando miró el reloj y vio que estaba despierta a las 5:00 de la mañana, un monumental cabreo se apoderó de ella, porque sabía que ya no se quedaría dormida hasta las 7:00 al menos, y no había tiempo, pues el timbre, que hacía de despertador, no le permitiría ni siquiera descabezar el cansancio porque iba a sonar a las 6:30. Como así sucedió.
Carmen, sin embargo, había estado durmiendo toda la noche seguida. Parecía no importarle mucho lo que allí sucedía y su clara despreocupación la hicieron dormir a pata suelta.
Lourdes también estuvo dándole vueltas a la cabeza, pero el cansancio la venció a eso de las 2:00 y sus sueños se desviaron por senderos más alegres, ya que hablaba dormida, y verdaderamente parecía estar en un lugar muy divertido. A las 5:15 Laura le tiró una de sus almohadas a ver si podría hacer el milagro de que callase en sus juergas oníricas, pero el resultado únicamente duró unos minutos antes de que empezara de nuevo con los cuchicheos inentendibles que tanta gracia le hacían. De ese instante al momento en que el sonido odioso del timbre, que no se retrasaba un segundo de las 6:30, comenzó a sonar, pareció un mínimo intervalo entre un parpadeo y otro. Al abrir definitivamente los ojos tras el estridencia del dichoso timbre, que parecía sonar debajo de cada cama, no podía  por lo menos  que estar de un humor de perros, pero era imposible sentirse de otra manera a esa hora de la mañana y sin haber pegado un ojo en toda la noche.
Lo peor fueron las clases. Laura apenas podía mantener sus ojos abiertos en la de Teorías Temáticas de la Arquitectura, por mucho que quería estar atenta y sacar apuntes de la conferencia que Mr. O’Toole les daba, fue imposible y cuando menos lo esperaba, los ojos se le cerraron, mientras apoyaba su cabeza sobre una de sus manos y miraba hacia su libreta con el bolígrafo en la otra. Se quedó dormida.
Para John Lane, que se dio cuenta, la imagen fue genial. Sacó su móvil y le hizo una foto sin flash, pero fue suficiente con la iluminación del aula, sería ideal para subirla a su página de Facebook. Continuó mirándola divirtiéndose con la escena pero pensando que si Mr. O’Toole se daba cuenta, habría una buena reprimenda personal, y Laura le parecía tan frágil y angelical durmiendo apoyada en su mano de aquella inocente manera. Hizo una bolita de papel y se la tiró, pero no sirvió de nada, la disertación del profesor la había hecho caer en los brazos de Morfeo de una manera contundente. Sin estar dispuesto a que Mr. O’Toole la descubriera siguió con su bombardeo de bolitas de papel hasta que consiguió que abriera los ojos. Desorientada por un momento, miró a su alrededor sin saber de donde procedían los proyectiles hasta que dio con los ojos de John Lane, que la miraba sonriente. Le hizo gestos de que no se moviera demasiado, porque conociendo al profesor O’Toole podría tener problemas.
―¿Algo que no comprenda? ¿Miss…? ―O’Toole consultó sus listas―… Miss Bernal.
Laura dio un respingo al oír su nombre y miro fijamente al profesor con los ojos enrojecidos del sueño. Carmen se escondió detrás del compañero delante de ella, pero al comprobar que el asunto iba con su hermana se relajó.
―No, profesor, todo está muy claro ―dijo Laura intentando parecer atenta.
―¿Laura o Carmen?
―Laura, señor.
―Bien, Miss Laura Bernal, ¿podría ilústranos con sus propias teorías sobre el tema, por favor?
―¿Mis teorías? ―dijo vacilante―. Mis teorías… ―respiró profundamente bastante desconcertada y sin poder pensar con mucha claridad.
De repente una voz de chico le sopló por detrás algo que la hizo salir airosa de aquel aprieto.
―Dile que estás leyendo a Vitruvio: De Architectura libri decen ―le dijo Paul en un susurro― y que cuando acabes no tendrás objeción para confrontar tus ideas con las del tema.
Laura repitió palabra por palabra lo que había escuchado encomendándose a los Santos porque conocía a Vitruvio, pero no había leído ninguno de sus libros.
―Excelente, Miss Bernal ―admitió el profesor O’Toole―. Una joven con proyección de futuro que se apoya en las viejas teorías de Vitruvio. ¿Y qué parte de su obra le gusta más?
Laura se quedó parada esperando el nuevo soplo de su salvador.
―Principalmente me apasionan la documentación de tradiciones arquitectónicas anteriores, señor ―dijo tras escuchar la voz que le hablaba desde atrás―. No en vano Marcus Vitruvius Pollio… es el autor de la investigación más antigua sobre arquitectura… que ha llegado a nuestros días, señor.
―Excelente, otra vez, señorita. ¿Española?
―Sí, señor.
―¿Becaria?
―Sí, señor ―volvió a repetir sin dejar de sentirse cohibida por la voz del profesor.
―Comprendo… ¿Erasmus?
―Sí, señor.
―Es un rasgo muy loable que debe ser tenido en cuenta al conceder una beca. Me refiero a una capacidad intelectual alta y un sentido exacto del idioma… Pero nunca me había planteado que ser dormilona fuera una cualidad para las becarias Erasmus. ¿Y ese sueño repentino, Miss Bernal? ―Laura agachó su mirada avergonzada por su actitud― ¿Quizá la tormenta o una larga noche de sobresaltos? O mejor, sin el prefijo sobre… sólo saltos.  Ya es famoso el carácter insubstancial de las becarias “orgasmus” que vienen a estudiar a esta universidad.
―¿Perdón, señor? ―inquirió sin comprender el ácido humor del catedrático.
Las risas surgieron desde todos los puntos del aula. Laura miró a un lado y a otro y se sintió enrojecer sin saber muy bien por qué, estaba ofuscada y su entendimiento se había cerrado, pero presentía que el comentario de Mr. O’Toole no había sido muy cortés.
Paul McClellan la miraba desde su mesa sin participar de las risas, intentó ayudarla en todo lo que pudo, pero no evitó la mofa que O’Toole la ridiculizara, como solía hacer como castigo a los alumnos que interrumpían sus clases.  De repente Paul había sentido pena por aquella chica y un extraño sentido de protegerla había surgido en su corazón, molestándole los comentarios mordaces que otros compañeros hacían y escuchaba a su alrededor. ¿Dónde había estado aquella muchacha todos los demás días desde que comenzaron las clases? No la había visto, aunque mejor era preguntarse: ¿Dónde había estado su cabeza desde que había roto con Jane?  Pero allí había aparecido ella, seguía de pie, parecía muy desvalida y ofuscada, con el rubor hirviendo en sus mejillas semejando sus carillos a la piel de un melocotón rojo, recién cogido de un árbol. Mr. O’Toole había dicho becaria y española… ¡Qué guapa era! Se dijo y deseó haber sabido la forma de sacarla de aquel apuro, pero no se le ocurría cómo. Aunque de repente pareció que a John sí.  Alzó su voz y preguntó al profesor por el tema del que hablaba antes de ensañarse con la muchacha.
―Entonces, Mr. O’Toole ―le dijo con seriedad y firmeza―, intuyo que a la señorita Bernal y a mí no nos han quedado muy claro que si el cumplimiento del fin arquitectónico principal, del que usted habla, exige sacrificar otros fines habituales.
―Interesante visión del tema, señor Lane ―afirmó el catedrático centrándose de nuevo en la materia―. Como siempre sus intervenciones son brillantes y pueden hacer pensar a sus compañeros permitiéndoles indagar en el tema que tocamos hoy. Pero dado el escaso tiempo que nos queda de clase, contestaré yo mismo.
» Las teorías temáticas buscan el cumplimiento de un fin principal, como ya he dicho, frecuentemente a costa de otros fines habituales de la construcción. Las teorías que buscan cumplir simultáneamente varios fines, o quizás todos los fines conocidos, que se puede dar el caso, las discutiremos en la página de Las teorías de síntesis arquitectónica. Si son tan amables y buscan esa página en el texto que estamos usando en este curso, podrán observar que algunas de las teorías que ven en la tabla de la página siguiente, son ciertamente anticuadas ahora y tienen poco interés a un constructor moderno. Véase Vitruvio y su obra, pero contienen información todavía válida sobre metas importantes de construcción, notablemente en las cuestiones de la funcionalidad, estructura, economía y ecología. Las últimas teorías denominadas todavía válidas, se pueden ver como ramas edificio-específicas de las teorías meta-específicas generales que pertenecen a toda clase de productos y que se enumeran en los temas de Paradigmas de la Teoría del Diseño, que veremos en el segundo cuatrimestre.  ¿Conforme, señor Lane, señorita Bernal?
―Perfectamente, señor ―dijo John―. Como siempre es usted muy conciso en sus respuestas que no dejan lugar a dudas.
―Clarísimo, Mr. O’Toole… ―pronunció apenas audible Laura. Pero… tengo una pregunta.
O’Toole se volvió hacia ella, estaba convencido que no iba a abrir la boca y  aquella reacción el sorprendió, sin embargo instó a Laura a exponer su duda delante de la clase.
―Usted dirá, Miss Bernal… ―le dijo expectante.
Ella miró al catedrático y tragó saliva, en ese instante estaba más preocupada de su inglés que de lo que tenía que decir. Dudó un instante, como si de repente no supiera encontrar la palabra necesaria para comunicar sus pensamientos. Sintió que la clase la miraba y esperaba su pregunta. Carraspeó, aquellos segundos le parecieron eternos y ya se creía una idiota por no haber empezado a hablar de inmediato.
―¿Le sucede algo, Miss Bernal? ―le preguntó Mr. O’Toole―. De repente ha perdido el habla o ¿le ha comido la lengua el gato? ¿Estaremos aquí mañana todavía para cuando ya por fin conozcamos su duda?
―Sí ―dijo ella impulsivamente―.  Quiero decir, no… La haré… la haré ahora mismo ―carraspeó de nuevo y emergió de su instintiva timidez de repente lanzándose a lo que saliera e intentando hacerlo lo mejor posible―. Bien, Mr. O’Toole, mi duda es muy simple y es la siguiente: Acerca de las teorías temáticas de las que usted ha hablado… y del fin final que supuestamente buscan… Este cumplimiento estará basado en la teoría que el mismo arquitecto diseñe. Luego implica un libre albedrio de estas normas ¿no es así, señor?
―Completamente, Miss Bernal. Los diseños de un arquitecto quedan a la elección del diseñador y las normas que éste elija.
―Gracias, Mr. O’Toole.
Mientras John intentaba continuar hablando con el catedrático del mismo tema, Laura se volvió a sentar, estaba petrificada, pero contenta porque había superado su prueba de fuego, hablar en la clase sin atascarse por los nervios… Ése había sido su temor allí, pero lo había rebasado y, además, con buena nota, porque nerviosa sí que estaba, y mucho, pero se sintió orgullosa de sí misma en ese instante. Tenía las lágrimas a punto de desbordarle los ojos, pero un clínex de la mano de Paul McClellan, llegó muy a tiempo por encima de su hombro para evitar que se sintiera por eso más estúpida.
―Gracias ―le susurró cogiéndolo y enjugando sus ojos. Respiró hondo y miró a Paul de reojo, pero no le pudo ver bien, no quería ni moverse.

3 comentarios:

marymaria dijo...

h

marymaria dijo...

Hola querida Laura! Ayer no pude leer el cap. 9, ahora lo terminé y definitivamente me encanta Paul!!!
Ya no puedo soltar tu novela, y aunque a menudo me pierdo con todo el lenguaje arquitectonico que pones, estoy disfrutando mucho de la lectura. Un beso.

Klaudia Quiroga dijo...

Aquí se empiezan a poner interesantes las cosas xD Es un poco difícil comentar sólo sobre este capítulo cuando ya me he leído casi todos los que has subido xD porque sé lo que pasa luego y tengo que cuidar bien mis palabras hahahh no quiero ir por ahí destripando nada a nuevos lectores xD Por lo pronto, decirte que eres buenísima en lo que a gerga se refiere, ya sea gerga de la calle como la que usan los chicos como la gerga arquitectónica de la que haces gala en este capítulo, haces que parezca que tú misma hubieses estudiado arquitectura xD Está logradísimo y hace que quede todo muy real, cuando lo he leído me he sentido como si estuviese en mitad de la clase xD

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