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miércoles, 6 de octubre de 2010

Una Erasmus para Laura - Capítulo 5

Pat McClellan entró en el edificio donde estaba el estudio de arquitectos en el que trabajaba su esposo. Un moderno bloque de oficinas que The Square Group Ltd. había construido para instalar su sede en Queen Victoria Street.  No había ido hasta allí por su gusto, los olvidos constantes de Jim por las cosas más simples de la vida cotidiana, estaban acabando con su paciencia. Parecía que la familia se había convertido en algo de clase secundaria y sólo tenía atención para su trabajo y para la amante que visitaba cada jueves por la tarde. Sin embargo Pat quería asegurarse. Después de dos años de desasosiego y de dudas, hoy tenía la certeza de que su rival, la persona que le estaba arrebatando a su marido estaba en aquel despacho y quería verle la cara. Alertada por sus amigas Elsie Straker y Louise Hamilton, que la habían animado a hacer aquella visita inesperada, Pat tomó la determinación de que era necesario dejar de esconderse y presentar batalla.
 Con la excusa de que Jim había olvidado firmar la instancia del banco para los pagos de los estudios de Ruth, condujo su coche hasta el centro y caminó desde el parking hasta el edificio de The Square Group. Con un sobre en la mano entró en la recepción del bufete de arquitectos. Emily Galloway, la recepcionista, la recibió enseguida, pero Pat ni la miró, siguió su camino y se dirigió hacia el despacho de James McClellan haciendo caso omiso de los ruegos de Emily, que, ya viendo su intención de entrar sin anunciarse, le rogaba que se detuviera porque su marido estaba ocupado. Pat se detuvo en seco y se volvió hacia la secretaria.
―¿Ocupado con qué o con quién? ―inquirió irritada por la insistencia de Emily.
La secretaria la miró angustiada, La mirada de Pat intimidaba mucho y era la esposa de uno de sus jefes… Dudó un instante pero después recuperó el resuello y le contesto cuidadosamente.
―…Señora McClellan… el señor McClellan está reunido con unos clientes y con el señor Straker. Por favor, permítame anunciarle su llegada.
―Miss Galloway, como muy bien acaba de decir, soy la señora McClellan y no necesito ser anunciada para entrar en el despacho de la persona con quien comparto tres hijos, mi casa y mi cama todos los días desde hace veintitrés años. Es muy amable, pero se llegar hasta donde trabaja mi marido. Ahora si me permite… ―concluyó a una atónita Emily que la siguió con la mirada hasta que Pat entró en el despacho de su esposo.
 La sala estaba llena de gente, como le había dicho la secretaria Galloway. En efecto estaban Richard Straker, otro de los socios de su marido, unos hombres y una mujer. Todos ellos distinguidos y muy bien vestidos, sobre todo ella, a quien no faltaba ni un detalle de la última moda. Un nudo se le hizo en la garganta al comprobar que era una mujer famosa, diseñaba moda, interiores y arte además de haberse puesto de moda ente la jet de Londres y ahora, como hobby, se dedicaba a ser mecenas del arte con pintores jóvenes, por lo que había encargado al estudio de The Square Group el diseño de una impresionante galería de arte que pretendía construir en Charing Cross Road en Soho junto a sus socios.
―Buenos días ―dijo Pat al verles alrededor de una mesa de trabajo donde una preciosa maqueta era observada por todos.
Jim McClellan se volvió hacia la puerta al escuchar la voz de su mujer de una manera tan inesperada como insólita.
―¡Pat, querida! ―exclamó en un tono sorprendido y demasiado cariñoso para el gusto de ella que sabía ocultaba el nerviosismo que le había sorprendido de repente al verla allí donde últimamente se ocultaba de ella excusando estar muy metido en sus negocios y completamente olvidado de su familia―. ¡Qué sorpresa, querida! ¿Qué te trae por aquí?
Pat miró a su alrededor en busca de una silla y descubrió un confortable sillón cerca de la mesa de despacho de su esposo. Camino hacia ella y tomó asiento sin haber dicho todavía nada. Jim percibía que su actitud no era la más indicada para mostrarse delante de clientes, pero tampoco podía evitarlo sin hacerlo notar, así que la dejó hacer.
―Permíteme presentarte a David Carson, Roger Bates y Lydia Reynolds ―pareció pronunciar con cierto reparo el último nombre―. Son nuestros clientes para la galería de arte Alois Kershaw.   
―Mucho gusto ―les dijo estrechando la mano de cada uno―. Soy una gran admiradora del señor Kershaw. Un gran pintor surrealista y actual. Sólo hace un mes que tenemos una de sus obras en casa… Jim tiene muy buen gusto con estas cosas. Imagino que al conocer al señor Kershaw… pues no se pudo contener y adquirió ese fantástico lienzo… ¿No es así querido?  
―Sí…sí, claro que fue así. Un lienzo de la calidad de ese…
―Los amantes… ¿no se llama así?
―Sí querida, se llama así.
―Cuanto más lo miro, más me gusta. Es un estupendo pintor. ¿No lo cree, Miss Reynolods?
La diseñadora levantó sus ojos al ser interpelada y sonrió educadamente asintiendo con la cabeza.
―Recomendaré al señor Kershaw entre mis amistades… Y a usted Miss Reynolds…, si no tiene inconveniente.
―Es muy amable, Mrs. McClellan. Su popularidad tampoco es desconocida en nuestros círculos ―dijo la mujer.
―Es muy amable, Miss Reynolds.  Por lo que esto se podría calificar, aunque fortuito, de un encuentro de negocios en todos los aspectos.
―Sería estupenda una colaboración ―intentó halagarla Lydia Reynolds―.  Por lo que a mí respecta. Más aún, cuando usted pertenece a nuestro gremio, regentando esa maravillosa tienda de sombreros de Oxford Street.
―Su prestigio la pone muy por lo alto de unas simples creaciones para tocar cabezas, Miss Reynolds ―le dijo sonriente sin perder la compostura.
Richard Straker, otro de los arquitectos socios y padre de Ritchie, se acercó a ella y la saludó besándola en la mejilla.
―¿Cómo estás, Pat? Cuanto tiempo sin verte. Últimamente no acudes a nuestras reuniones de los fines de semana. Elsie te echa mucho de menos.
―El trabajo me reclama, no sólo administro mi negocio, sino que hago los diseños y controlo el proceso de fabricación. Comprende, Dick, que eso me ocupa muchos fines de semana. Pero saluda a Elsie en mi nombre y dile que intentaré por todos los medios acudir el próximo sábado al club de golf.
―Hay que tomarse las cosas con calma, Pat. Siempre le digo eso a Jim.  Es tan apasionado como tú.
―Somos una familia demasiado “apasionada”… ―sonrió irónicamente mirando a su esposo quien desvió sus mirada hacia la maqueta del edificio que proyectaba para sus clientes.
―¿Y qué te parece el proyecto para la galería de arte  Alois Kershaw?
―Es un edificio maravilloso, Dick ―dijo mirando la maqueta sin ningún tipo de acritud en su voz, realmente era un gran proyecto.
―¿Qué va a decir mi esposa? ―manifestó Jim sin estar de acuerdo con ella―. Insisto que se puede mejorar.
―Convéncete, Jim, es un gran proyecto. Y no lo digo sólo por la parte que me toca.
―Veo, Dick, que tú y mi mujer estáis compinchados ―intentó hacer una broma para romper un poco el fastidio que sentía Jim por la presencia inesperada de Pat en su despacho.
―No ―rió la broma su colega mirando a sus clientes―. Sólo somos viejos amigos y decimos la verdad. Y si lo viera Jerome Landfield se moriría de pura envidia. Ten por seguro que este proyecto tuyo pasará a los textos universitarios sin demorarse mucho. Es genial.
―¡Exageraciones! ―exclamó Jim con verdadera modestia―. Eso lo decís porque me queréis.
―Realmente es fantástico, señor McClellan ―insistió Lydia Reynolds.
―¿Usted también… le quiere, Miss Reynolds ―inquirió sin reparos Pat mirando a la diseñadora fijamente.
Lydia Reynolds se volvió hacia la esposa de Jim y la miró con el aliento contenido mientras intentaba dominar sus deseos de mirar a Jim McClellan en busca de ayuda para soportar el momento. Pero Pat la retaba sin darle tregua para que hiciera lo que más deseaba, salir corriendo.  Sus miradas se cruzaron sabiendo muy bien lo que querían decirse la una a la otra. Pero la implacabilidad de Pat, reflejada en sus ojos, hizo rendirse a Lydia de momento, quien agachó la mirada y caminó hacia la maqueta pasando la mano por el diseño con deleite para escabullirse de la muda acusación que Pat le hacía.
―Entonces, ¿lo dice por cumplir, Miss Reynolds? Su silencio no es muy elocuente―rompió Pat la tensión que se masticaba en el ambiente.
―No, lo digo porque es la verdad –repuso la diseñadora contundentemente.
Pat se tomó su tiempo antes de abrir la boca. Sacó un cigarrillo de su bolso y se lo llevó a los labios, de repente tenia ante ella tres encendedores para prenderle el pitillo.  Miró coqueteando adrede a los tres hombres que sostenían los encendedores ante ella y dejó escapar una leve sonrisa ufana antes de aspirar a través del filtro para encender el cigarrillo. Su rostro volvió a ser serio y su mirada fría cuando expulsó el humo hacia el techo en un fluir continuo de su boca, que lucía un color gloss de arándanos maduros, que la hacía sensual y atractiva.  Los cuarenta años que Pat acababa de cumplir eran los cuarenta años mejor llevados para una mujer como ella que había dedicado su vida a cuidar de su familia y de su negocio, pero que también cuidaba de ella a las mil maravillas, aunque eso para su marido fuera indiferente.
―¿Ahora fumas? ―inquirió Dick.
―Sí, es sorprendente a mi edad, pero ayuda a aliviar tensiones.
―Eres increíble Pat ―río Dick―. Todo el mundo intentando quitarse del tabaco y ahora tú te echas al vicio… ¡No puede ser…―siguió riéndose sin podérselo creer.
―No fumo tanto como crees. Medio paquete al día. Ya te he dicho que sólo es para aliviar tensiones.
Pat volvió a dar otra calada y al expulsar el aire, quiso parecer indiferente, no quería expresar más emociones que las que ya se apreciaban y otra peores que se hallaban contenidas por respeto al lugar donde estaba, y que escondía detrás de la seriedad de su expresión. Era cierto que su matrimonio con Jim McClellan se hundía lentamente en un naufragio de indolencia, indiferencia y distancia entre ellos; un feliz matrimonio que últimamente pasaba por una profunda crisis cuya situación instaba a Pat a fumar y a luchar por él.
Dick miró a su socio, intentaba no mostrarse nervioso ni apurado. Estaba al tanto de su relación con Lydia Reynolds y se sentía cómplice del engaño teniendo en el mismo despacho a Pat, su amiga desde la juventud e íntima de su esposa Elsie, y a Lydia, una cliente y la amante de uno de sus mejores amigos.
―…Bueno ―dijo sin saber qué hacer―… yo me voy. Recordad que tenemos fiesta de inauguración esta noche.  Los dueños del Hotel Golden Buckingham Gate nos ofrecerán la mejores de las fiestas por su inauguración y nos halagarán una y mil veces por nuestro existo en el proyecto, Han quedado muy satisfechos y eso tienen que verlo ustedes mismos, señor Carson, señor Bates… Se convencerán de que The Square Group hace sus sueños realidad, como dice nuestro anuncio publicitario. Y, además de hacer negocios, espero que lo pasemos genial. ¿Vendrás Pat?
Pat le miró confusa, no sabía nada de esa fiesta, Jim no se lo había comunicado, como hacía siempre que se terminaba un proyecto de The Square Group. Pero resolvió no mostrarse ignorante de ello y contestó con naturalidad:
―Por supuesto, Dick, sabes que siempre acudo a esos eventos. No hay nada más agradable que el éxito de mi marido ―concluyó mirando a Lydia Reynolds poniendo todo su énfasis en la palabra marido.
―Bueno, este proyecto está cerrado ―continuó Dick intentando capotear el temporal―. Así que señores esperamos las noticias de su conformidad para iniciar las obras. Les esperamos a la cena de esta noche para que puedan comprobar in situ los estupendos y sólidos diseños y las calidades sin igual de The Square Group. Jim ―concluyó volviéndose hacia él―, cierra el ordenador y tómate la tarde libre, lleva a tu esposa a comer y arréglate para recibir las felicitaciones de cientos de personas esta noche. ¡Ah! antes de irte, firma el Proyecto Fishman de una vez. Hay que empezar las excavaciones y no obtenemos el permiso de obras porque falta tu firma.
―No te preocupes, Dick, ahora mismo lo hago.
―Señora McClellan ―dijo Roger Bates―. Ha sido un placer conocerla. Y espero volver a gozar de su compañía esta noche.
Bates le besó la mano.
―Igualmente Señor Bates, señor Carson… Señorita Reynolds, me alegro de haberla conocido… al fin.
―Conocerme no es difícil hoy día, señora McClellan ―expuso la diseñadora con cierto aire de superioridad repentino―. Salgo en todos los medios continuamente, mis diseños son admirados en Paris, Madrid y Nueva York, mis perfumes entusiasman a todas las mujeres del mundo…
―¿No le parece que decir a todas es un poco jactancioso, Miss Reynolds? ―la rebatió mostrándose agresiva por primera vez―. Yo, sin ir más lejos, llevo puesto Givenchy. Sin duda es una fragancia muy suave y especial, ¿no cree? ―concluyó sacando el bote de perfume del bolso y dejando escapar cerca de ella en el aire unas cuantas vaporizaciones.
―La competencia me desafía, Mrs. McCellan.
―A mí también, Miss Reynolds, no sabe de qué manera.

4 comentarios:

Klaudia Blauen dijo...

Como aún no has subido el capítulo xD Pues yo sigo con la tanda de comentarios que te dejé en el tuenti cuando leí la historia hahaahah Y como pienso dejarte un comentario en cada entrada, tendré que que tomármelo con calma hahaha hay algunos capítulos que casi no me acuerdo de lo qu epasa y tengo que volver a leerlo XD Eso me pasa mucho, sobre todo cuando estoy leyendo otras cosas y tengo las demás historias en la cabeza.
Pues este capítulo a mí me pareció interesantísimo y revelador. Me encanta la forma en que describres a Pat cuando fuma, es tan chick!!! xD Es genial. Y la entereza que tiene para mantener las formas y la cabeza fría teniendo a una fulana como esa que sabiendo que está casado se atreve a liarse con Jim, haciendo columpiar la entereza de un vínculo tan fuerte como puede ser un matrimonio.
Te aplaudo por saber describir y crear tan bien a un personaje así. xD

escritora Laura M.Lozano dijo...

Gracias por tu comentario. Como siempre muy especial. Me subes el ánimo y me das ganas de hacerlo mejor si cabe. Un beso =))

B€!t@ dijo...

He leido los dos seguidos y luego he decidio comentarte, asi tardo menos!!! :) Y asi tienes dos comentarios mas o menos seguidos!!
Me encanta la forma en ke escribes, narras y explikas las cosas, situaciones, u personajes!!!! De verdad, esta historia deberian publicártela eh? Y seria de las primera (Para k no haya peleas... como en tuenti xD) que te la comprase!!!! Sigue asi!! Yo por mi me leia otro, pero... no tengo mas tiempo!!! Pero se ha´rá lo que se pueda!!!! Un besote enorme de tiramisú, aunik no te guste :) Muaks!!! teQ

marymaria dijo...

Wow que capitulo!!!
Que terrible debe ser que tu esposo te engañe, y luego conocer a la amante y no poder arrancarle los cabellos!!!!

Puf! odio a los hombres infieles...
me gustaría que en algun cap. Pat le demuestre a su marido que ella también puede tener a alguien más!

Capitulo 6, allá voy!

¿Qué te atrae más de la novela y te hace disfrutar de ella? (puedes elegir más de una respuesta)

¿En que capítulo de la novela te enganchaste?

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