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REMES

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Red mundial de escritores en español

martes, 10 de abril de 2012

La Perla de Qŭrṭuba - Prefacio





 Te consagro un amor puro  sin mácula
En mis entrañas está visiblemente 
grabado y  escrito tu cariño.
Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú,
la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.
No quiero de ti otra cosa que amor,
Fuera de él no pido nada…


                             
El collar de la Paloma

        Abu Muhammad Ali Ibn Hazn
                                                                       Córdoba 994 / Montijar 1064
   







            La leyenda     



   Cuenta la leyenda que en el Arroyo de los Nogales, que atraviesa el camino del mismo nombre y que va desde Medina Azahara hasta Córdoba, a lo largo de las almunias de Sierra Morena,  suele verse en las noches de luna llena la figura de una muchacha que, sentada cerca del puente, encuentran a los viandantes que lo franquean. Ella les ofrece agua de su cántaro para calmar la sed que le provoca la calina del estío o simplemente para que refresquen sus gaznates tras una larga cabalgada desde tierras lejanas en los confines de Al-Ándalus y, mientras calma la sed de los caminantes que tienen a bien hablar con la bella muchacha, ella les cuenta relatos de tiempos de esplendor olvidados por todos los que por allí pasan. Pues, entretanto descansan, la joven les relata una bonita historia sobre una bella ciudad, perdida por la ignominia del hombre,  que fue la Perla de Qŭrṭuba.
Edificada por manos  avezadas en el lugar de la Desposada, fue alzada con los materiales más preciados: mármoles, alabastros azulejos, piedras preciosas, oro, plata y maderas nobles. Les habla de su señor, Al-Nāṣir, el conquistador, quien mandó construir hermosos jardines plantando en ellos toda clase flores y plantas traídas desde los recónditos rincones del mundo. De que ordenó poblar éstos con hermosas aves exóticas  y jaulas con fieras traídas del corazón de África y dispuso que se propagasen diversidad de árboles de raros y originales frutos  desconocidos hasta ese entonces. Y el señor de la hermosa medina trajo la nieve a las laderas de la Sierra Morena, para que los ojos se su amada no derramasen más lagrimas de añoranza por las sierras de su natal Granada.
Y todo fue por amor…

viernes, 16 de marzo de 2012

La Perla de Qŭrṭuba (introducción histórica)


Algo más de historia sobre el califato…    y un poco de leyenda… 

     Una novela, aunque sea producto de una ficción absoluta, si se la viste con tintes de realidad, adquiere esos mismos tonos de certeza, haciendo que el lector se incline a sentirse parte de lo que lee, protagonista  o, al menos, espectador del relato. Por ese motivo pienso que un poco más de historia que nos centre en el momento en que la Perla de Qŭrṭuba va a tener lugar no vendrá nada mal.  



 Pues bien, como íbamos diciendo las bases principales para que Córdoba se convirtiera en un símbolo único en la historia nace en el momento en que se instaura el emirato cordobés. Había sido instituido éste en el año 756 por Abderramán I, el príncipe Omeya huido de Damasco tras el golpe de estado que derrocó a su familia del trono. Tal hecho, el de la llegada del príncipe a la España visigoda sucedió tras la conquista de la península por el sur en la Batalla de Guadalete (rí­o, próximo a la ciudad de Jerez (Cádiz), donde tuvo lugar en el año 711 y enfrentó al ejército del rey visigodo Don Rodrigo y a los musulmanes bereberes del Norte de África capitaneados por Tarik, lugarteniente del gobernador Muza...  Pero ésa es otra historia…



Abderramán III (891-961),  subió al trono en el año 912, en plena descomposición política del estado andalusí. Con extraordinaria energía y capacidad acabó con los diversos focos sublevados, imponiendo, tras muchos años, por vez primera, la autoridad y el orden en todo el país. En el 929, siendo emir de Córdoba hasta aquel momento, se proclamó Califa, llegando a la más alta dignidad política y religiosa del Islam, acabando así con la dependencia espiritual de Bagdad. Hecho explicable que se sustenta sobre las consideraciones de legitimidad dinástica, la razón principal de tal hecho recae sobre  la decadencia del Califato Abbasí y en la vecindad del Califato Fatimí, cuyas extensiones dominaban el Magreb y  desde Egipto amenazaba con extenderse hasta Al-Ándalus.
Abderramán III instauró de esta manera en la Península Ibérica, el Califato independiente de Córdoba. Éste perduró oficialmente hasta el año 1031, en que fue abolido tras una larga guerra civil (fitna), lo que dio lugar a la fragmentación del estado Omeya y su transformación en multitud de reinos, conocidos como Reinos de Taifas.
    Con el cambio de la situación institucional al convertirse Al-Ándalus en un califato, se exigió la adopción de una serie de medidas políticas, económicas, religiosas y hasta urbanísticas, entre las que estaba la construcción de una ciudad para albergar la nueva seña oficial del reino: la residencia del
califa y la sede de los órganos de dirección del nuevo Estado. Se eligió para ese núcleo urbano un emplazamiento al que se le llamó Medina Azahara  o “ciudad de Zahra” (Madinat-al-Zahra). Aunque, luego la cultura popular y los versos de algunos poetas árabes crearan la bella leyenda de que fue un homenaje a la favorita del califa, Azahara; a quien conoció fortuitamente en los jardines de los naranjos en la entrada de la Mezquita-Aljama mientras realizaba la abluciones antes de la oración. Tal era su belleza que ésta deslumbró al califa, quien la tomó como concubina, haciéndola centro de su corazón.
Tras arduas luchas  en las fronteras con los reinos cristianos, muchos moros fueron hechos prisioneros y Abderramán III reunió una gran suma de dinero para su rescate. Enviados sus embajadores con el mandato de liberar a todos los cautivos  tras el pago por su libertad, los enviados no encontraron a nadie con vida y regresaron devolviendo la fabulosa suma al su señor. El califa, conmovido por la suerte de sus soldados, entregó el montante de su rescate a Azahara para que lo empleara en obras de caridad. Pero ella sugirió a su señor Al-Nasir que debía emplearlo en la construcción de una ciudad palacio que fuera muestra de su magnanimidad y grandeza.
De origen granadino y, como he mencionado,  de nombre “Al-Zahra” (la  brillantísima); se cuenta que estaba acostumbrada a las blancas cumbres de Sierra de Elvira, las cuales añoraba tras ser llevada a vivir a Córdoba, donde sólo nieva en muy escasas ocasiones. Y por el inmenso amor que le profesó el califa, fue regalada con una imagen similar, ordenando el monarca sembrar la sierra cordobesa de almendros e higueras para que sus flores blanquearan a los ojos de la princesa en cada equinoccio la falda de la sierra cordobesa. Por lo que la eclosión de las flores le permitiría ver en primavera todo lleno de níveo color alrededor del nuevo núcleo urbano de la Ciudad Brillantísima. Lo cierto es que aún se encuentran entre la vegetación de la sin igual Sierra Morena algún que otro vestigio de realidad a esta leyenda. La vida de la brillantísima Azahara de Abderramán al-Nasir, no fue larga, y tras su desaparición, el califa hizo tallar una estatua de su amada para que fuera colocada en la entrada de su ciudad resplandeciente símbolo de bienvenida y del amor que le tuvo.
   Indudablemente, sea verdad o no esta hermosa historia de amor, cosa  por la que no vamos a entrar en discusión; los principales motivos de la construcción de tan magnífico proyecto fueron de índole político-ideológico-social.
    Las crónicas de la época cuentan la magnificencia y suntuosidad que engalanaron sus muros y el gasto que supuso la ciudad acorde a ser, como se ha dicho, el centro político, económico, administrativo, religioso y social de todo el poder árabe de Occidente. Se conocen las fabulosas inversiones que se gastaron en su construcción, así como la brillantez y lujo de los materiales que se utilizaron y que se trajeron de los más remotos lugares, igualmente las manos de los más expertos maestros artesanos venidos de los confines del orbe, hicieron posible el sueño de un califa que quiso deslumbrar al mundo con su poder y su boato.
Y Medina Azahara fue conocida en los límites de la tierra allá donde las embajadas llegaran con las misivas del califa Abderramán. Y Córdoba se convirtió en el centro  político, económico administrativo, social, religioso y cultural de Al-Ándalus, un reino poderoso que controlaba la mayoría de la península Ibérica. Por lo que fue admirada, deseada, envidiada, temida…  Lo que propició necesariamente que Medina Azahara sobreviviera poco tiempo, pues su destino no tuvo más remedio que ir unido al de los avatares del califato cordobés.
Con el devenir del tiempo, cuando Hixem II  fue nombrado califa  siendo aún un niño de sólo once años de edad,  un funcionario, que había venido de Algeciras a Córdoba a estudiar jurisprudencia y literatura y que había ido ascendiendo en la escala del poder, consiguió el nombramiento de mayordomo, lo que en el sistema político de los reinos cristianos llamábamos valido.  Abi Amir Muhammad, quien se conoce en la historia como Almanzor y cuyo nombre es una castellanización del calificativo árabe con que él mismo se rebautizó tras una de sus muchas victorias guerreras: "al-Mansur bi-Allah" (el victorioso de Dios)
  Almanzor es uno de esos personajes históricos que va unido a la grandeza del califato cordobés por varias razones. Impulsó la última reforma de la gran Mezquita Aljama y ha trascendido al terreno del mito al quedar su huella grabada de manera aciaga y desagradable por su dureza como guerrero, con lo que se ganó campaña tras campaña la admiración del pueblo andalusí. Es precisamente por estas incursiones de castigo y devastación por las que Almanzor es recordado históricamente, todas ellas victoriosas, destacando en las que destruyó ciudades, tan emblemáticas para los reinos cristianos hispanos como León (984), Barcelona (985) Santiago de Compostela (997) Pamplona (999) y San Millán de la Cogolla (1002).
De haber seguido existiendo un Califato fuerte como el de las décadas centrales del siglo X, los reinos cristianos hubieran visto muy difícil su expansión al sur. Sin embargo, con su pronta desaparición en 1031 y la formación de los pequeños Reinos de Taifas, los castigados reinos cristianos pudieron recuperarse y en muy poco tiempo convertirse en una amenaza real para Al-Ándalus, que se culminaría con la toma de la emblemática ciudad de Toledo en 1085.
Pero dando un  corto paso atrás para retomar el hecho de que Hixem II,   fue obligado a abdicar en 1009, fecha del comienzo de la Fitna (guerra civil) y, aunque restaurado en el trono en 1010, ya no hubo manera de mantener un poder central, con la aparición de líderes golpistas que se hacían nombrar califas y que, si acaso, sólo duraban en el poder dos o tres meses.
Fue en el contexto de esta situación, cuando una de las muchas revoluciones del momento, en este caso de bereberes ayudados por el rey Sancho de Castilla y encabezados por Suleiman, al que erigieron como califa, produjo el comienzo de la destrucción de Medina Azahara. 
 Tan arrasada quedó que llegó a perderse hasta el lugar exacto de su emplazamiento y el recuerdo de su nombre que quedó como “Córdoba, la vieja”.  
La caída de la que fue capital indiscutible de Al-Ándalus, tomada por los ejércitos del rey Fernando III el Santo en 1236,  fue más que un símbolo que marcó el fin de la hegemonía del califato cordobés; fue la contundente realidad del principio de la supresión del Islam como fuerza política de relevancia en la Península Ibérica hasta erradicarlo totalmente con la conquista de Granada  por los Reyes Católicos en 1492.  




domingo, 11 de marzo de 2012

Entrevistas. "Una Erasmus para Laura".

Aquí os dejo la primera entrevista que me han hecho  tras la publicación de mi novela 
Una Erasmus para Laura. 
Os dejo el enlace para que la disfrutéis tanto como lo he hecho yo.

jueves, 1 de marzo de 2012

La Perla de Qŭrṭuba


Sinopsis




La exposición internacional "El Esplendor de los Omeyas Cordobeses" que está a punto de ser inaugurada  en las excavaciones de la Ciudad Áulica de Medina Azahara en Córdoba, dan a Sara Medina Villarreal la oportunidad de formar parte del grupo organizador que la Universidad cordobesa patrocina. Ella, estudiante de Arqueología, trabaja en su proyecto fin de carrera que versará sobre la ciudad palatina que fue la joya de la España árabe de la Edad Media. Junto a Ismael Alcázar y un grupo de jóvenes compañeros de estudios esperan con impaciencia la llegada de todos los objetos y reliquias que se conservan repartidas por el mundo y que formaron parte de la increíble ciudad que fundó Abd-al-Ramhān III, por lo que viven intensamente todos los acontecimientos que se avecinan en la histórica Córdoba con motivo de tan importante muestra.
Sara Sara es una joven despierta y soñadora, una ferviente convencida en la realidad de que algún día la ciudad áulica de Medina Azahara volverá a ver el esplendor de sus tiempos de antaño. Sueños premonitorios le avisan de ello, un don que siempre tuvo desde niña y que ha heredado de su abuela, una conocida escritora de cuentos infantiles que versan sobre los tiempos  califales, a la manera de "Las mil y una noches" cuyas moralejas hacer crecer en la joven unas inquietudes que no dejan de darle vueltas en la cabeza. Siempre había tenido esa de clase avisos, aunque por su juventud no los comprendía. Uno de ellos le habla de que ciertos peligros se ciñen sobre su amigo Ismael y sobre ella misma relacionados con los misterios que encierra la ciudad de Abd-al-Ramhān III, pues Sara nunca había prestado mucha credibilidad a una teoría que su profesor, José Hidalgo, promulgaba desde hace tiempo sobre la existencia de un tesoro entre las murallas de la ciudad palatina “El Tesoro de al-Zahrā” Sara piensa que no son sino elucubraciones de un viejo arqueólogo que sueña con la gloria antes de la jubilación y que carecen de fundamento lógico.
Sin embargo, la aparición de un muchacho en medio del asunto que viene a visitar a su hermano Marwan, estudiante de Arqueología y compañero de Sara y los hechos que la joven presencia de una manera fortuita entre uno de los dignatarios representantes de los países árabes de Oriente Medio: Abū ʿĪsā Aḥmad ibn al-Munajjim y Abdeselam Sadik Mohamed y su comitiva, hacen que Sara sospeche que el viejo profesor no anda tan descaminado y que las intenciones secretas de los visitantes no sean otra cosa que apropiarse del tesoro perdido en la noche de los tiempos en la ciudad en sí, que compone un misterio para los mismos arqueólogos.
Sarah e Ismael tendrán que evitar que Mohamed se salga con la suya y consiga el misterioso tesoro para completar el sentido de una antigua profecía de los califas Abbasíes, quienes asesinaron a los Omeyas para derrocarlos del poder.
Misteriosas fuerzas  permitirán que Sara e Ismael  tengan la oportunidad de vivir en propia piel la ocasión de luchar por lo que  aman y  de esta manera vivan la aventura más formidable de sus vidas. Entretanto, conocerán a muchos que les ayudarán a conseguirlo, pero también encontraran a su paso detractores y enemigos acérrimos que ocasionarán demasiados problemas para tratar de salvar “El tesoro de  al-Zahrā".





miércoles, 22 de febrero de 2012

Madīnat al-Zahrā, La perla del califato cordobés.



Introducción


El lujo, la riqueza y el boato no significarían nada  en esta vida si no fueran de la mano de la excelencia, la exquisitez, la delicadeza y la fantasía. Y estas premisas se dieron a la hora de construir una muestra del esplendor Omeya; la ciudad andalusí  más bella que ha visto la historia: Madinat-al-Zahra (Medina Azahara).




Por esto, cuando se camina por ella es fácil imaginar lo que pudo ser la vida en sus tiempos dorados y la fastuosa suntuosidad de algunas de las recepciones celebradas entre sus muros, no es difícil vislumbrar la esplendidez y magnificencia del califa reinante y anfitrión de excepción y la riqueza y colorido de los ropajes de su corte,  hechos con tejidos nobles, los uniformes de gala de su guardia  real, la belleza de sus caballos andalusíes, los misterios de su conocido harén, los aromas de sus maravillosos jardines, el rumor de sus inigualables fuentes que convirtieron el sonido del agua en música relajante o el aspecto absolutamente esplendoroso y deslumbrante de los salones de esta noble construcción situada en España a 7 kilómetros de la ciudad de Córdoba en dirección oeste. La ciudad fue construida, orientada de norte a sur,  en la ladera de la Sierra de la Novia, «Chabal al-Arus» en tiempos del Califato, frente al frondoso valle del Guadalquivir.  Fue distribuida en tres terrazas, aprovechando con maestría el desnivel del terreno, dándole una forma rectangular que ocupó unas ciento doce hectáreas.
En el año 936 un ejército de más de diez mil trabajadores, liderados por los más expertos alarifes constructores de la ampliación de la fabulosa Mezquita-Aljama de la capital, comenzaban la construcción de la ciudad aúlica más importante y hermosa de todo el mundo occidental: Madinat Al-Zahra.
Las obras duraron algo más de veinticinco años  y su esplendor setenta y cinco años más. La Guerra Civil en Al-Andalus, los saqueos, los enfrentamientos y los incendios destrozaron la ciudad más admirable de occidente. La tierra fue cubriéndola y se convirtió tristemente en una cantera que, con el tiempo  se vio agotada y hasta para esos menesteres dejó de ser válida; desapareciendo su emplazamiento al que se le recordó como Córdoba la vieja. No fue hasta el siglo XIX que aquél montón informe de tierra y  piedras que formaron sus ruinas se identificó como el lugar  de Medina Azahara, no comenzando su excavación y restauración hasta 1910.
Ahora se han cumplido cien años del comienzo de esa aventura. Y a pesar de que lo recuperado no es ni sombra de lo que en su tiempo fue, pasear por ella te llena de esa magia particular y espectacularidad en la que sus piedras fueron impregnadas por el lujo y la riqueza de la mano  del buen gusto, la exquisitez y la fantasía. Al poner los pies sobre sus calles te invade una sensación de pertenencia, de satisfacción y asombro que no se puede explicar, más aún, si tus ojos vieron la primera luz en Córdoba.
Medina Azahara estaba rodeada de una imponente muralla cuya entrada presidía una enorme arcada donde una plaza de armas sin igual era el lugar donde los califas pasaban revista a sus ejércitos o los más grandes dignatarios eran recibidos con los fastos protocolarios de la época. Estaba la ciudad dispuesta en tres terrazas como ya he dicho: la superior (la que ha sido totalmente descubierta) y en donde se emplazaban los edificios del gobierno y los palacios de la familia real. La intermedia donde habitaron los funcionarios y la tercera, parte destinada al pueblo, que aún  permanece sin excavar. Contaba con dos mezquitas; La Aljama, para la familia real y los dignatarios y la destinada a los trabajadores de la ciudad. Y entre sus atractivos más singulares estaban sus jardines y sus fuentes, dignos de comprar con los de las «Mil y una noches».



   La historia que voy a contar ocurre en Madinat-al-Zahra, cuando la máxima grandeza de la Córdoba musulmana fue conseguida por Abderramán III al tomar el título de Califa en el año 929 y hacer de Córdoba un califato independiente de Damasco y la ciudad más floreciente, culta y poblada de la Europa del Medievo (casi un millón de habitantes). 
Sí, Córdoba fue la capital del mundo culto en la Edad Media, centro de Ciencia y Saber. Su biblioteca principal compitió en importancia con la de Alejandría. albergando entre sus paredes más de cuatrocientos mil ejemplares, según crónicas cristianas, y hasta un millón de ellos, según crónicas musulmanas. Es sabido que el califa Omeya fue también un gran impulsor de la cultura y, además, dotó a Córdoba con cerca de setenta bibliotecas menores, fundó una universidad, una escuela de medicina y otra de traductores de griego, de latín y de hebreo al árabe. Amplió la Mezquita,  construyendo su parte más rica y reconstruyendo el alminar.
Personajes como el médico Abul Qasim, primer cirujano cordobés en intervenir con anestésicos, hacer implantes dentales, operar un bocio o varices o destruir las piedras del riñón con el sistema que llamó litrolisis entre otras muchas cosas. El médico, matemático, astrónomo y filósofo Averroes, el rabino, médico y filósofo Maimónides, el filósofo, teólogo, historiador y poeta Ibn Hazm, el poeta gastrónomo y músico Ziryab o el arquitecto Muslama ben-Abdallah, primer diseñador de la Ciudad Áulica, entre otros; dieron  renombre a este hecho, haciendo eco en la historia como personajes destacados e inolvidables de la cultura  cordobesa.  
 Córdoba fue la capital de un califato llamado Al-Andalus que controló la mayoría de la extensión de la península Ibérica, lugar donde las tres culturas: la musulmana, la cristiana y la judía, convivieron de una manera ejemplar, justa y equitativa; donde el esplendor de una dinastía procedente de Oriente alcanzó su cota máxima, proyectándole la grandeza y brillantez que sólo unas cuantas ciudades han alcanzado en la historia.  

 ¿Realmente te lo vas a perder?












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sábado, 4 de febrero de 2012

"27 de Enero de 2012" Presentación de "Una Erasmus para Laura"


UN DÍA QUE NO OLVIDARÉ JAMÁS






Queridos amigos, el pasado viernes 27 de enero Una Erasmus para Laura vio la luz en Málaga durante una acto muy intenso y emotivo que llenará mi memoria mientras viva. 
Ver tu obra hecha una realidad, tus palabras en papel con ese olor típico a libro nuevo, que tanto me gusta, te causa una profundo sentimiento de felicidad y de realización personal que pocas palabras pueden describirlo. 
Sólo alguien que sienta lo mismo por las letras, que disfrute verdaderamente pasando horas y horas escribiendo sin importarle, puede comprenderme. 
Pero ahora os dejo con las fotos que son las que mejor apoyan estas palabras que digo.
Gracias a todos por seguirme. Pronto estaremos juntos compartiendo una nueva historia.
Un beso.























































Ya sólo me queda comunicaros que Una Erasmus para Laura estará a la venta en  librerías a lo largo y ancho de toda España y por encargo en centros de El Corte Inglés.
 Es asequible también en la web de Ediciones Atlantis,  Amazon y La casa del libro a partir de febrero.
Ahora os dejo con los vídeos.
Un beso de nuevo.



















Os recuerdo para todos los seguidores que estén interesados en tener el libro de Una Erasmus para Laura que Ediciones Atlantis amplía su distribución a Estados Unidos, Latinoamérica y Japón.

Podéis conseguirlo entrando en la web de Ediciones Atlantis. a través de su distribuidora internacional que os lo hará llegar a la librería más próxima de vuestro punto de residencia.
Gracias.

EEUU, Latinoamérica y JapónDistribuciones L'Alebrije, s.c.p.

C/Gósol, 39
08017 Barcelona
Tlf.             +34 932800677      
Fax. +34 932057724




Que las hadas y musas elijan un capítulo para ti. Con suerte te quedas a compartir esta aventura.


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