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REMES

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Red mundial de escritores en español

sábado, 11 de junio de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 46


 Laura se despertó de repente sudosa y sobresaltada. Se había quedado dormida echada sobre la mesa  mientras intentaba acabar uno de los trabajos de dibujo que debía entregar al día siguiente. Estaba soñando con Mr. Howes quien le echaba una bronca monumental por no llevar los planos acabados y ella trataba de explicarle su falta de tiempo, pero el profesor implacable la suspendía con un enorme cero  en rojo sobre sus expediente y la enviaba para España en un abrir y cerrar de ojos con un golpe mágico de una de sus reglas. Miró a su alrededor nerviosa todavía por la onírica experiencia a la vez que se pasaba las mano por la frente perlada en sudor para secársela y suspiraba aliviada, al comprender que todo había sido una pesadilla, que estaba en la residencia a salvo y lejos de la terrible influencia del despiadado Mr. Howes. Pensó en Paul.
"¡Ojalá estuviera aquí, a mi lado, para refugiarme entre sus brazos y sentirme invulnerable" pensó seguidamente cuando una sonrisa de agrado apareció en sus labios con el pensamiento de la  tierna caricia de las manos del joven en su cara.
―...Paul... ―dijo dulcemente.
Sin dudarlo tomó el móvil y escribió un SMS que decía:
"Me haces falta cuando los monstruos como Howes atrapan mis pensamientos y me lanzan al abismo. He tenido una mala pesadilla con él. =O Pero ya pasó.^-^ Me quedé sopa mientras dibujaba, ¿Puedes creerlo? - - zzzZZZzz  Estoy a punto de terminar el tercer dibujo, ¿Por dónde vas tú? 
Te quiero. xxx (L) =D"

Una vez leyó lo escrito pulsó la tecla para enviar y el mensaje desapareció de la pantalla del su móvil. Observó de nuevo a sus compañeras de cuarto, todo era silencio en su entorno. Lourdes estaba en la cama, se había echado vestida y había puesto el despertador para las 4:00. para no dormir demasiado y acabar también su trabajo de dibujo. Carmen estaba dormida también sobre su cama con la bata de guatiné sobre las piernas para no sentirse confortable y poder abandonar el sueño con facilidad. La noche previa tampoco habían descansado demasiado, ni la anterior. Con todos los altercados de las manifestaciones los profesores estaban bastante bordes y exigentes y había decidido recuperar los días perdidos por las protestas tratándolos como esclavos sin comer ni dormir, exigiéndoles trabajos complicados de un realización poco menos que perfecta para los que  los chicos necesitaban emplear todo el tiempo del que disponían como si aquella asignatura fuera la única que tuvieran entre manos, cosa que  no era cierta y que les empujó a caer exhaustos en los días que habían pasado desde que las clases recomenzaron.
Miró la hora en el móvil que tenía a su lado y comprendió que se había quedado dormida bastante rato, pero no por eso se sentía mejor, pues ahora le dolían todos los huesos de su cuerpo por la postura tan antinatural que había adoptado  durante el sueño. Se desperezó estirando sus brazos a todo lo largo, a la vez que emitía un profundo bostezo que la desentumeció un poco.Sue cuando el tono de mensaje la sobresaltó en el silencio de la habitación. Lo cogió para mirarlo, pero sabía de quien era a esas horas. Paul le había contestado.

"Si necesitas un caballero andante con lanza y espada, te puedo prestar mis servicios con un tiralíneas, es todo lo más puntiagudo que tengo para salvarte princesa. Qué mal soñar con Howes, con lo feo que es... Sueña conmigo, que seguro no será una pesadilla, sino algo más picante, jajajaja =D.Segurooooo XD Voy por el quinto dibujo.  Deja para mañana los dos que te quedan y te ayudaré yo con ellos. Vete a dormir, te hace mucha falta. Te quiero. xxx (P) "

sábado, 4 de junio de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 45


The bull’s tail estaba lleno de gente a las 7:30 cuando Vicky Blackwell llegó buscando a su amigo Benny Novac, a quien encontró detrás de la barra muy atareado sin parar. Le sorprendió verle allí después de tanto tiempo, pero supuso que seguiría necesitando el trabajo extra para ayudarse en los gastos de sus estudios en la capital y no estaba equivocada. Aunque más bien supuso, y tampoco se equivocaba, que el hecho de estar detrás de la barra era más para captar clientes para su propio “negocio” que para llevarse un sueldo mediocre del dueño del pub. Cuando se acercó hasta él, varios clientes le gritaban para que sus voces sobrepasaran el ruido ambiente. “Dos cervezas y un ale”, decía un hombre con la cara pinta de rojo. “Cinco pintas bien frías” reclamaban unos jóvenes, que vestían las camisetas del Liverpool, en medio de un alboroto extraordinario, pendiente todo el mundo del partido Liverpool-Inter de Milán de la Champion League.
Vicky camino a través la concurrencia del pub abriéndose paso con dificultad entre los parroquianos, que eran, en su gran mayoría, jóvenes estudiantes y gente del barrio. Tuvo que dar codazos para alcanzar su objetivo, pero nadie se dio por aludido porque tenían los cinco sentidos puestos en la pantalla del televisor. Al llegar, Benny estaba realmente ocupado sirviendo todo lo que le pedían, aprovechando que todavía no había dado comienzo el encuentro. Se saludaron escuetamente y ella esperó sentándose en un taburete de la barra que acababa de quedarse vacío. Mientras el muchacho servía más y más pintas, a una velocidad que parecía imposible, pero que era real, ella le miraba sumida en sus pensamientos aferrándose sin flaquear a la decisión tomada, para llevar a cabo sus planes y sintiéndose satisfecha de haber encontrado a su compañero Benny el día de la manifestación para alcanzar sin problemas los medios que culminarían la realización de sus deseos.
  Benny no parecía lo que era, se le veía un buen muchacho, educado, trabajador y cumplidor de sus obligaciones. En los estudios se oía otra cosa; estudiaba para higienista en la Escuela de Higienistas y Medicina Tropical de la Universidad de Londres, pero no era un alumno brillante, por el contrario, las materias se le amontonaban, lo mismo que a sus padres las facturas de sus tasas por los estudios y por manutención en la capital. Por eso Benny Novac había abierto su “negocio” particular en busca de todas aquellas libras que le faltaban en el bolsillo para llegar a fin de mes y muchísimas más para llevar una vida de comodidaes y diversión, pues con  los “trippis” le estaba yendo estupendamente. Como Vicky contara a sus amigos, le había conocido en el colegio y, a su llegada a Londres, habían ido de discotecas los sábados en algún fin de semana que otro del curso anterior. Se habían enrollado, como lo hacían en la secundaria, pero sólo para paliar la soledad de las primeras semanas, aunque las cosas ya no eran como antes, no había quedado ninguna chispa entre ellos. Vicky tenía las ideas muy claras y quería pertenecer a la ELITE y no sentirse como una sangre-sucia más, término tomado de la historia de Harry Potter y que empezaban a aplicar a los estudiantes de arquitectura que no eran hijos de arquitectos y que estudiaban en facultades como la Bartlett. La única forma que había de deshacerse de aquella rémora era atrapando al hijo de un arquitecto que fuera brillante y destacado y asegurarse un porvenir y un exitoso futuro con él. Por eso desde que vio a John Lane entre sus compañeros de facultad no había tenido otra idea en la cabeza que conseguir ser su novia a cualquier coste. El poco tiempo en el que salió con Benny Novak se lo puso muy claro, pronto comprendió que no era la persona indicada para tener cerca… Al menos como pareja y que no iba a aportar nada nuevo en su vida viniendo de una pequeña ciudad de provincias donde era un donnadie. Aunque que como comienzo fue genial, la diversión estuvo asegurada viviendo unos meses de locura y desenfreno libres y lejos de las familias. Benny no tardó encomenzar sus trapicheos, cuando, apenas recién llegado, se metió en el “negocio” por necesidad.  Lo pasaron de muerte los dos,  pero fue una experiencia que llevó a chica a plantearse que aquel no era el camino que ella soñaba y por lo tanto la diversión con Benny no la llevaría nada más que a un callejón sin salida si seguía metida entre pastillas y alcohol,  los que acabarían por pasarle una indeseada factura. Un mal viaje hizo comprender a Vicky que tenía que haber espacio entre ellos dos y que lo mejor era alejarse lentamente de una persona que lo único que podría aportarle eran problemas o una sobredosis con terribles consecuencias que la hubieran puesto a borde de un terrible desenlace poniendo en riesgo si vida. Esa fue una de las pocas veces en que Vicky Blackwell pensó con sensatez. Por lo que se juró no volver a tomar más pastillas… Al menos de aquella manera descontrolada...

sábado, 28 de mayo de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 44


Mientras subían en el ascensor Paul iba echado sobre el panel del fondo de cara a la compuertas con las manos metidas en los bolsillos de sus jeans, la idea de encontrarse con su padre no le entusiasmaba demasiado, había algo dentro de él que le inquietaba, tanto, que el motivo real de haber ido hasta allí se le había olvidado transitoriamente en aquel momento, pues pensaba que aquella no era la forma en que él había deseado que su padre conociera a Laura. Pero los acontecimientos se impusieron de tal forma que ya era imposible evitar el encuentro. John volvió a su mente. La idea de saberle entre rejas le traía una sonrisa diabólica de deleite a sus labios, no podía negarse a sí mismo que estaba disfrutando con aquello, pero John había estado buscando algo así toda la mañana tal ver con la intención de hacer ve a Laura que podía hacer lo que le diera la gana y salir impune burlando a la pasma. En definitiva estuvo haciéndose el gallito y al gallito le habían desplumado y eso era lo que satisfacía a Paul inevitablemente. John recibió aquella mañana una bofetada sin mano, pero era lo que se merecía.
 Todos iban en silencio con una sensación de haber escapado del peligro en sus cabezas que se acrecentaba de una forma desagradable a medida que llegaban a su destino. Todos podían estar en dificultades, Estuvieron en peligro, un peligro real y nadie, excepto Paul, había previsto nada. Por eso Paul pensaba que John había sido idiota, siempre tan perdonavidas y pendenciero, haber metido al grupo en semejante bulla, sin trazar un buen plan de retirada en caso de necesidad, era la mayor imprudencia que John cometió al exponer a las chicas a la trifulca estudiantil. Tal y como los acontecimientos habían demostrado. La oportunidad de escapar de semejante reyerta se había presentado como por arte de magia y Paul sin dudarlo la tomó por la seguridad de las chicas sobre todo; en ningún momento se había dejado de sentir responsable de ellas. Ahora, tras la charla que se imponía con los padres de John y Ritchie, las acompañaría hasta la residencia para mayor tranquilidad. Miró a Laura, ella venía distraída, inmersa en sus pensamientos, cualquiera que fuesen. Paul retomó los suyos. La idea que tenía del momento en que su padre conociera a su novia. Nada era parecido a lo que había imaginado, nada. Sus ideas eran otras distintas por completo, donde el buen gusto hubiera prevalecido en el ambiente de un cóctel o una cena en casa o cualquier cosa similar.  Pero ahora iban como verdaderos desarrapados de los empujones, tirones, revolcones y caídas en los altercados. A George le habían roto la camisa y a él le habían medio arrancado una manga del chaquetón, además estaban despeinados, sucios y sudorosos de las carreras que habían dado para escapar del tumulto, y no olían precisamente a rosas ninguno de ellos. Pero no presentarle a Laura le parecía una grosería que ella se podía tomar a mal. Así que decidió hacer la vista gorda sobre todo el estado de las ropas que les ataviaba y seguir con la intención de hablar con los padres de John y Ritchie antes de que pasara más tiempo. Después ya vería qué inventaría para mejorar la situación...

jueves, 19 de mayo de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 43


George marcaba el número del móvil Paul, ya por cuarta vez, el caso era que daba llamada, pero Paul no contestaba. Mientras John, Ritchie y Bob “dedos de goma” preparaban una pancarta que habían fabricado para meterla sin problemas en el maletero del coche de John y trasladarse al centro de la ciudad para participar en la manifestación de estudiantes. No pensaban que fuera muy ortodoxo llevarla a mano en el metro hasta el centro, aunque peores cosas se habían visto en el suburbano, sobre todo con los sucesos del 7 de julio de 2005. Ahora el ambiente en Londres estaba demasiado alterado por las protestas, que ya se alargaban por más de una semana, y quienes tenían todavía en la memoria el pánico de aquel día de julio pensaría, con toda posibilidad, que  alguien se  podía aprovechar de las revueltas y la liarla dentro de un tren a varios metros bajo tierra de nuevo.
A John, en concreto, le daba pavor que algún día volviera a suceder de nuevo algo catastrófico como lo que le tocó vivir aquel día en la Línea Circular. Ambos habían subido al tren en King’s Cross y se dirigían a Paddington, donde vivía uno de sus mejores amigos, Stuart Clifford, un chico brillante, de una inteligencia extraordinaria y un talento increíble para las Matemáticas y el Dibujo Técnico. Alfred Lane, el padre de John, siempre le había admirado y esperaba que Stu fuera a la universidad junto a John y alcanzara una licenciatura cum laude en Arquitectura o en Ingenierías, pues descubrió una capacidad innata en él que le apuntaba como un talento fuera de lo normal en ese ámbito. A Stu no parecía disgustarle la idea y estudiar junto a John y los demás chicos, de los que era amigo también; le entusiasmaba muchísimo. De momento estaban en el colegió estudiando secundaria y aquel verano disfrutaban de sus vacaciones como cualquier otro adolescente en Londres. Aquella mañana Stu había olvidado su bolsa de deporte en casa donde guardaba la raqueta de paddle que iba a necesitar para jugar el partido que habían programado. Habían alquilado una cancha en un gimnasio para las 10:00 e iban justos de tiempo cuando fueron conscientes del olvido de Stuart.  El grupo se dividió precisamente en la estación de King’s Cross, donde el resto de los chicos iban a esperar a que Stuart, acompañado de John, regresaran para entrar en el gimnasio juntos. Ocho minutos después de que el tren abandonara la estación de King’s Cross sucedió todo…  John tuvo suerte y salió prácticamente indemne, un poco chamuscado, transitoriamente sordo y con heridas superficiales durante un tiempo, cortes y magulladuras sin importancia en su mayor parte y, aunque fue hospitalizado, fue dado de alta aquel mismo día. Pero Stuart, que iba delante de él, le sirvió de parapeto, recibiendo el golpe mortal de la onda expansiva. Hospitalizado en estado crítico, víctima de la explosión, en el Ormond Hospital, no pudo superarlo y falleció a los pocos días...
  

miércoles, 11 de mayo de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 42

 Paul detuvo su Mini unos metros más abajo de la entrada principal de la residencia Highgate, desconectó el motor y apagó las luces. No se sentía muy bien, se quedó pensativo inmerso en los hechos que habían acontecido durante la mañana. La ruptura con Jane no había resultado algo fácil para él, a pesar de todo, sentía cariño por ella y no había disfrutado con  aquello. La creía rota por la pena y gimoteando a mares, sin saber cómo consolar su abandono y eso le resultaba poco agradable y nada grato teniendo en cuenta el tiempo desde que la conocía. Sus padres, amigos de los suyos desde… ¿siempre?  Era la primera vez que se lo planteaba de esa manera y el resquemor de un vago sentimiento de traición apareció en su corazón. Conocía a los Archer desde que podía recordar y a Jane… ¡puff! De repente se le vino a la cabeza una imagen de la niña pelirroja y con pecas y trenzas con una ortodoncia en la boca y un carácter de mil demonios, siempre protestando y exigiendo todo lo que quería… ¿Cómo no se había dado cuenta de que Jane siempre había sido de aquella manera tan superficial y vanidosa durante toda la vida?  Al pensar en eso se encontró mejor y el sentimiento de traición desapareció rápidamente. Sin embargo, no se sentía muy satisfecho de lo que estaba pasado, sobre todo de lo que Mike había hecho amparándose en su nombre… Era lo que más le preocupaba y al pensarlo, no podía evitar notar algo parecido a asco por la forma en que Mike se estaba valiendo de la situación, no obstante era su hermano, pero eso no lo justificaba.  La idea de que al menos, a partir de ese día, las cosas cambiarían, le relajó bastante. Se había acabado todo, y con eso los abusos de su hermano ya se habían terminado para siempre. Ahora, era de primordial importancia lograr que nunca se conociera la fechoría de Mike y que las cosas volvieran a la relativa normalidad, pues con John y Jane enfadados se podría esperar cualquier cosa. Pero le daba seguridad saber que una vez concluida su relación con Jane, Mike no podría acercársele, mintiéndole y beneficiándose de ella, de su ignorancia y de su confianza.  Por muy vanidosa que fuera, por muy inconstante, insolente e insubstancial, Jane no merecía algo así. Merecía la verdad. Pero decir la verdad significaría arriesgar a perder demasiado, para él, en concreto, perderlo todo, incluso a Laura, a quien amaba cada día más.
 Con tan sólo pensar en ella, la confusión se le esfumó de la mente y al fin salió del coche dispuesto a visitarla. En la recepción de la residencia dio su nombre y preguntó por Laura, fue conducido a una sala donde espero unos minutos a que bajara, pues estaba avisada después de que él la llamara por teléfono para decirle que iría a buscarla para dar un paseo.
Laura apareció después de unos minutos en los que Mrs. Anderson contempló a Paul rozando el descaro, analizando sus movimientos mientras esperaba y mirando sus facciones.  Laura entró y ambos se saludaron con un beso del que fue testigo la subdirectora de la residencia sin reparar en ningún tipo de recato...

miércoles, 4 de mayo de 2011

Premio "Gracias"

¡¡¡Nuevo premio!!!
 Por obra y gracia de Kate, ...Pero no la Middleton, que es la que está ahora de moda, 
sino nuestra excpecional Kate, la autora de http://minimundoss.blogspot.com/ ese estupendo blog donde podemos disfrutar de sus minihistorias, a cual mejor y más interesante. 
¡Gracias!
No me cansaré de decir que tu blog me encantaaaaaaaaa.

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Ahora seis cosillas que me hagan sonreír.

¡Vamos allá!

1.- Un buen libro con una buena historia.
2.- Cuando mi familia me mima.
3.- Una buena salida o frase ingeniosa.
4.- Cuando lo que planeo sale a pedir de boca.
5.- Cuando escribo algo y me gusta muchísimo porque ha sido plasmado tal cual lo he visto en mi mente.
6.- Los logros de mis hijos.

Ahora tres que me borren la sonrisa.

 1-. Cuando recuerdo a los que no están
2.- La maldad, la soberbia, la codicia de este mundo...
3.- Saber que nunca lograré saberlo todo lo que hay que saber y lamentar que lo poco sé se perderá cuando ya no exista.

Ahora pasamos a premiar a los nominados.
And the winners are...


jueves, 28 de abril de 2011

Una Erasmus para Laura - Capítulo 41


 —No serías la primera que se casa con un tío por su dinero después de haberle tendido la trampa más vieja del mundo valiéndose de todos esos ardides que hay a disposición de una chica desesperada  —comentaba Chris Pipler mientras pasaba la tarde en una de las salas de la residencia Highgate en compañía de sus amigas―. Y por supuesto con medios… No es barato que digamos.
―¿Casarme? —inquirió Vicky Blackwell bastante sorprendida sin comprender muy bien de qué  hablaba Chris con aquella suficiencia que parecía una experta—. ¿Quién está hablando aquí de casarse? Eso son palabras muy serias, tías.
―Pero, admite que no les haces ascos… —insinuó Debbie riéndose con aquella risita tonta y vacía de siempre.
—¿Cómo pretendes conservar al tío de tus sueños, ilusa? ¿Te has mirado en un espejo, tía, o es que de verdad crees que el amor existe? –apostillo Chris.
—No voy a decir que mi vida haya sido un cuento de hadas —prosiguió Vicky sin salir de su sorpresa—. Pero claro que el amor existe… vive arriba, conmigo en el dormitorio. Lo veo cada mañana. Laura ama a Paul McClellan y él la ama a ella de esa manera tan especial que se puede ver en ellos cuando están juntos.
—¡Fantasiosa! —se burló Debbie Leonard riéndose de ella de nuevo—.  Tú estás fumá… ¿Crees de veras que John Lane se casaría contigo? Debería haberse dado el golpe más grande del mundo o estar completamente chutao para hacerlo con alguien como tú, tía. Ese niño bien puede aspirar a algo mejor que tú, ¿Es que no lo ves?
—John no es de esos, ¿qué os creéis?
—Lane es un tío como todos los tíos, que sólo piensan con la cabeza que tienen entre las piernas—apostilló Chris de nuevo—. Deja ya de creer en cuentos de hadas y chorradas de esas “…Y se casaron y fueron felices y comieron perdices”, tonta. A los hombres hay que amarrarlos cortos. Después de capturarlos, por supuesto.
—Tías… vosotras estáis locas.  No voy a ocultar a John  lo que soy, ni de dónde vengo. Mis padres son dos personas trabajadoras de Stockport, no hay porque avergonzarse de eso por mucho dinero que tenga el padre de John. Toda mi vida he pensado que no aparecería alguien por casualidad que me dijera que me quiere. Pero John pareció y me eligió e hicimos el amor en su casa el día de su cumpleaños… ¿Cómo llamáis a eso?
—¡Flipar! —corearon al unísono las dos experimentadas diosas de Highgate.
—No tienes nada más que mirarte a un espejo —continuó Debbie—. Con lo potente que está el tío… Le vi cuando vino a visitar a Laura Bernal… Mmmm… de veras se hace la boca agua… A ésa si viene a visitarla… No puedes competir con alguien como Laura… Si perdieras unos kilos, que pareces una morsa…
—He perdido cuatro  este mes…
—¿Vomitando?
—Evitando comer… Ha sido difícil para que nadie se diera cuenta…
—Eso está bien, tía, seguro que has ganado unos puntos para ese John Lane… Las chicas de Highgate deben hacer honor a la talla 34.
—Pues yo por mucho que me esfuerce de la 38 no paso —se quejó Vicky sintiéndose al margen de aquellas dos arpías integrales—. Con el trasero no sé que voy a hacer para meterlo en un pantalón de la 34… ya me diréis.
—Si quieres conseguir a tu John seguro que encontrarás la forma de hacerlo. Tienes que entrar en esa talla. —le sugirió Chris—. La motivación es fuerte ahora no debes dejarte llevar por el sonido de las tripas… No existe… sólo está en tu mente. Aunque si logras echarle el lazo a ese John Lane podrás tener, al menos, un buen pellizco en un divorcio exprés digno de una pueblerina como tú.
—¡No quiero a John por su dinero! —manifestó alterada por la insistencia de aquellas dos casquivanas—. Yo estoy estudiando para lograr abrirme paso como arquitecto. Quiero a John por cómo es… su personalidad me llena… porque será un gran arquitecto como su padre. Sé que John está predestinado para mí… y vendrá a mí él solito…
—¡No tienes tú fe! —apostilló Chris escuchándola como si estuviera delirando—. Tendría que ser sordo, ciego y lo peor, gilipollas, si se acercara a ti por sí mismo.
—¿Es eso un insulto, Pliper?
—Más que un insulto es un breve dibujo de la realidad, bonita.
—¡No sé por qué confío en vosotras, sois dos víboras! —exclamó Vicky enfadada—. La única alegría de mi vida ha sido John… y no quiero perderle, es lo que más quiero en este mundo. Lo que más deseo es decirle te quiero y que él me responda lo mismo, hablar con él de mis sentimientos y que me responda con los suyos… ¿Sabéis qué es eso?
Debbie y Chris se quedaron calladas por un instante ante las duras palabras de Vicky que las dijo con rígida expresión.
—¿Te acuestas con John Lane? —le pregunto Chris de repente.
Vicky asintió con un gesto llevada del afán de hacerlas creer que la relación con John era seria y continuada  desde el día de  la fiesta en King’s Cross. Aunque a ellas les costaba trabajo creerla, tampoco podían no creerla y la verdad era que Vicky le ponía encanto a la hora de fantasear a cerca de aquella onírica correspondencia sentimental. Vicky suspiró embargada por sus propias sensaciones amorosas y al pensar en John se le llenaba el pecho de ilusión...
  

Que las hadas y musas elijan un capítulo para ti. Con suerte te quedas a compartir esta aventura.


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